Los alarmantes niveles de fracaso escolar que arrastra Ceuta desde hace décadas siguen siendo una herida abierta para la comunidad educativa. Así lo denuncia la Federación de Enseñanza de CCOO, que apunta directamente a la ausencia histórica de una verdadera política educativa como causa principal de esta realidad que "provoca vergüenza, propia y ajena".
Lejos de innovar o plantear reformas estructurales, los diferentes gobiernos que se han sucedido han limitado su papel a una mera gestión administrativa, sin intención ni ambición de transformar un sistema que ha quedado rezagado frente a la evolución del resto de comunidades autónomas. El resultado: un profesorado cada vez más precarizado y una ciudadanía que recibe una educación de calidad claramente inferior.
Uno de los factores clave del fracaso escolar, según coinciden los expertos, es el nivel socioeconómico de las familias. En Ceuta, el 40% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza, lo que influye de forma directa en el rendimiento académico de sus hijos e hijas. La brecha digital, una política de becas insuficiente y tardía, y la desigualdad en el acceso a recursos como clases particulares, condenan a miles de estudiantes al fracaso antes siquiera de comenzar su trayectoria escolar.
Otro factor decisivo es la ratio de alumnado por grupo. Tal y como demostró la experiencia durante la pandemia, el profesorado pudo comprobar que una enseñanza más individualizada —con menos alumnos por aula— mejora significativamente el aprendizaje. “Es más eficaz dar tres horas de clase a 15 alumnos que seis a 30”, afirma el sindicato, resumiendo el sentir generalizado de los docentes.
Sin embargo, la ratio sigue dictada por criterios económicos y no pedagógicos. Durante años, las aulas ceutíes han estado saturadas, sin que se emprendiera un plan serio de infraestructuras escolares. Solo ahora, gracias a un fenómeno demográfico —la drástica bajada de nacimientos—, se abre una ventana de oportunidad. En 2018 se matricularon 1.200 alumnos en Infantil de tres años; en 2025, serán solo 600.
Esta caída en la natalidad ha permitido la reducción de unidades y ratios en infantil, y progresivamente lo hará también en primaria y secundaria. El Ministerio presume de este descenso, aunque no es fruto de su acción, sino de la demografía. La Federación de Enseñanza de CCOO advierte: “No se puede dejar que las cosas fluyan sin criterio”. Reclaman una Orden Ministerial que fije de forma obligatoria una ratio máxima de 15 alumnos por aula, comenzando en Infantil y avanzando curso a curso hasta Secundaria.
No actuar ahora podría agravar una nueva disfunción que ya empieza a vislumbrarse: la concentración del alumnado en centros concertados, mientras los públicos se vacían. En la actualidad, seis centros privados acogen al 40% del alumnado, mientras que los 17 públicos restantes se reparten el 60%, algunos con apenas 2 o 3 estudiantes por clase.
La advertencia es clara: si el Ministerio no interviene con decisión, no solo estará perdiendo una oportunidad histórica para mejorar la calidad educativa en Ceuta, sino que podría estar propiciando un nuevo escenario de desigualdad educativa. La hora de actuar es ahora.
