El Carnaval de Ceuta 2026 continúa avanzando con paso firme. La segunda jornada de semifinales ha congregado a cinco agrupaciones que han defendido su repertorio con entrega total, en una noche donde el público ha respondido con aplausos, ovaciones y emoción compartida.
Chirigota infantil – Los pequeños sherpas del túnel del Chorrillo
La sesión arrancó con la chirigota infantil ‘Los pequeños sherpas del túnel del Chorrillo’, bajo la autoría de Paco Pino y dirigida por Bea Pino.
Con un tipo playero “asherapado”, cargados de bártulos y con una presentación “Chorrillera”, los más pequeños ofrecieron una estampa muy reconocible en las playas de la ciudad. La puesta en escena, fresca y cercana, conectó desde el primer momento con el público del Revellín.
Los sones de Verano Azul marcaron la apertura de los pasodobles, en un guiño sonoro que evocó imágenes estivales muy presentes en el imaginario colectivo. En sus letras, también hubo espacio para la actualidad, recordando el incidente de los coches en el Balearia durante el temporal, demostrando que el carnaval, incluso en su versión infantil, no es ajeno a lo que sucede en la ciudad.
Comparsa – La hipócrita
La comparsa ‘La hipócrita’, de Josemi Romero, volvió a subirse a las tablas tras su paso por Cádiz. En esta ocasión, lo hizo en el Teatro Revellín, donde los girasoles de esta agrupación se plantaron con fuerza.
La presentación fue un crescendo de luz y voz, brotando con intensidad ante el público ceutí. La crítica a quienes “se arriman al sol que más calienta” resonó con especial contundencia, especialmente en su ataque feroz al bullying, uno de los temas que también ha marcado esta semifinal.
‘La hipócrita’ floreció en Ceuta como no lo hizo en Cádiz, mostrando muy buena cara y haciendo “salir el sol del carnaval” en el teatro. Su actuación dejó patente la potencia del mensaje y la solidez de un repertorio que encontró en el público local un eco cálido y receptivo.
Chirigota – Hay un amigo en mí
El turno fue después para la chirigota ‘Hay un amigo en mí’, de Miguel Ángel Molina y Rafa Pérez.
La escena se transformó en un interior catedralicio, con inicio a oscuras, tipo de monja a media luz, velas y rosarios. Una estética cuidada que sirvió de marco para unas monjas un tanto posesas en carnavales, retratando la actualidad con “mucha maldad”.
Los demonios del carnaval hicieron acto de presencia en un repertorio cargado de ironía y crítica. Sin embargo, el momento más emotivo llegó con el homenaje a las abuelas, que puso en pie al público del Revellín.
La música de la popular tonada de la película Toy Story, que da título a la chirigota, estuvo incluida en el repertorio, completando un número muy divertido en la cavidad escénica y logrando el disfrute absoluto de los asistentes.
Comparsa – Las Tirititrán
Las moteras del carnaval, ‘Las Tirititrán’, irrumpieron en el escenario con fuerza, subiendo “las burras” sin freno y cantando los mandamientos de los moteros y cómo ser buen compañero.
El bullying volvió a ser protagonista en esta segunda semifinal, consolidándose como uno de los temas centrales del carnaval en esta edición. En sus letras, también rodaron por la miseria del mundo, la mentira y la indiferencia, “buscando una salida”.
La actuación fue definida por muchos como especialmente hermosa. La puesta en escena, el mensaje y la interpretación confluyeron en una propuesta sólida que dejó huella en el teatro.
Chirigota – El premio te lo regalo
Cerró la noche la chirigota ‘El premio te lo regalo’, de Luis Jiménez y Paco Porruo.
Desde los patitos de la feria trasladaron el carnaval al mes de agosto, ambientando su propuesta en una tómbola festiva. Con referencias a la política y a Pedro Sánchez, comenzaron regalando premios en una puesta en escena dinámica y reconocible.
El equipo del Ceuta Genuine tuvo su espacio en el repertorio, protagonizando uno de los momentos más celebrados de la actuación. Entre regalos y coplas, la chirigota entregó también su corazón al público, que respondió con una ovación.
Cinco agrupaciones, cinco estilos distintos y una misma entrega: dejarse la piel sobre las tablas. El público volvió a demostrar que el carnaval en Ceuta es mucho más que una fiesta; es voz, sentimiento y compromiso compartido desde el escenario hasta el patio de butacas.
