sábado. 26.11.2022
SOCIEDAD

De la Unidad del Dolor a nadar con delfines en 24 horas: el sueño hecho realidad de Ana María Romero

Ana María Romero Cózar, la gaditana afincada en Ceuta que se propuso cruzar el Estrecho, consiguió al fin su sueño, su reto particular. Seis horas y cinco minutos nadando entre corrientes adversas para completar una distancia que se había fijado como objetivo tras años de salud delicada. Hasta el punto de que pasó, en apenas 24 horas, de estar tratándose en la Unidad del Dolor a cruzar el Estrecho en compañía, como ella misma soñó, de delfines durante un tramo del recorrido.

 

Hace algunos años, a Ana María Romero Cózar le cambió radicalmente la vida. Un diagnóstico duro, como un directo al mentón, en forma de enfermedad grave. Superó aquel envite de la vida, cierto, pero el coste no fue barato; un capítulo de fibromialgia y episodios depresivos generados por un dolor insoportable hasta para las tareas más cotidianas. Hasta que un buen día, decidió probar en el agua. Se encontró bien. Notaba que el dolor no existía entre las olas; se encontraba mejor consigo misma. Y desde ese momento no muy lejano -apenas un año atrás en el tiempo- se puso, entre ceja y ceja, un objetivo: cruzar, algún día, el Estrecho de Gibraltar a nado.

 

El miércoles, 17 de julio, acudió como siempre a su cita con la Unidad del Dolor del Hospital Universitario. El jueves, a su puesto de trabajo hasta que recibió una llamada: hoy es el día. Cuenta que apenas tuvo tiempo más que para coger el equipaje necesario para el cruce a nado y tomar el siguiente barco hacia Algeciras. Eran las 11 de la mañana del jueves, 18 de julio, cuando sonó el teléfono. A las 15.00 horas, Ana María Romero ya estaba en el agua, tocando la mítica piedra verde de la isla tarifeña desde la que empieza a contarse el tiempo para cruzar el Estrecho.

 


Romero, además, cumplió un sueño: nadar un tramo acompañada de delfines. Miró hacia el fondo, vio unos peces grandes que resultaron ser estos animales de los que, da fe, todas las leyendas de cercanía hacia el ser humano son ciertas.

 

El momento más esperado; cuando al llegar a la costa norte marroquí, ve que el patrón de la embarcación de compañía se pone el silbato en la boca. Señal de que la hazaña estaba completa, de que apenas restaban 2.000 metros para completar el reto. Momento que no puede recordar sin emocionarse.

 

Para los amantes de la estadística: seis horas y cinco minutos para recorrer 17,5 kilómetros,  con el viento soplando desde oeste con fuerza de 2 o 3. Una dificultad, más, añadida pero también superada de nuevo por el tesón de Ana María Romero. Por cierto; dice que no le gustaría quedarse con las ganas de encontrarse algún calderón. O sea: aunque no lo admita, tal vez el segundo cruce ya le esté dando vueltas a la cabeza.

 

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