martes. 27.02.2024
ESPAÑOLES QUE CAMBIARON LA HISTORIA Y TU NO LO SABÍAS-4 ENTREGA

Las habas y la magia de la 'spanish guitar'

España es un país muy dado a cuestionarse a si mismo, a ocultarse su propia historia y méritos. Defectos hemos tenido, pero también grandes personajes que han contribuido a cambiar el transcurso de los acontecimientos. Y no, no hablamos solo de los Cervantes, Lope de Vega o Cristóbal Colón, sino de otros tantos igual de sugestivos y no tan conocidos

El papel de la Tercera Edad durante la pandemia que vivimos ha sido uno de los que más ríos de tinta ha hecho correr. Un escrito, viral, nos pedía a los que vivimos en este siglo que pensáramos en aquella generación que vivió dos Guerras Mundiales y una Guerra Civil. Nuestro protagonista de hoy, más aún, no sólo vivió eso: vivió un doble exilio, hasta acabar convirtiéndose en el primer embajador, en el Prometeo que robó el fuego a los Dioses, de una de nuestras principales señas de identidad en el mundo: el flamenco.

 

Y eso que Agustín Castellón no nació en la Huelva de Arcángel o El Cabrero, ni en la Granada de Enrique Morente. Tampoco en lo que algunos denominan "El triángulo" (Cádiz-Jerez-Sevilla) o en la Málaga de Miguel De Molina, Juan Breva y los verdiales. No vino al mundo en la Jaen de Juanito Valderrama o en la Córdoba de Fosforito. Ni siquiera nació en esa Barcelona en cuya Plaza Real reside Lluis Llach (tan independentista como aficionado al cante) y se encuentra uno de los templos del flamenco, El Tarantos. La ciudad que parió a Carmen Amaya o Miguel Poveda.

Lo hizo en Pamplona, en 1912. En una familia de vendedores ambulantes, que se ganaban la vida en un mercadillo ubicado en Villaba, pueblo célebre por ser la cuna de Miguel Induráin. Ahí, el pequeño Agustín siempre aprovechaba para robar algunas "habas" con las que comer. "Unas habicas". Unas Sabicas, apodo que le acompañaría en la inmortalidad. Durante los años treinta, ese autodidacta ya tiene fama de ser uno de los mejores guitarristas de España, país que recorre acompañando a otros artistas de la época.

 

El estallido de la Guerra Civil le sorprende, pues, a escasos kilómetros de una frontera con Francia que no duda en cruzar. Sabicas, ese hombre ya de 24 años, emigra junto a su familia a Argentina. Pero ahí tampoco tienen una vida fácil: es época del General Perón, con cuyo régimen no empatizan, y años después vuelven a hacer las maletas con un destino casi definitivo: México.

 

Ahí se casa, funda una familia y sigue con su pasión: tocar la guitarra. Junto a su mujer, Esperanza, realiza varias giras y una de ellas le lleva a la ciudad en la que viviría hasta el final de sus días: Nueva York. En un radiomaratón benéfico, el gran público estadounidense comienza a conocer la magia de la "Spanish Guitar", gracias a un guitarrista navarro que esa noche comparte escenario y camerinos con Frank Sinatra, Judy Garland o Dean Martin.

 

A mediados de los sesenta, lanza dos albumes que terminan por consagrarlo a el y al flamenco en el mercado estadounidense: "Flamenco Puro", de 1961 y "Rey del Flamenco", seis años posterior, consolidan al flamenco entre el público angosajón y aún hoy son discos de culto.

 

"Sabicas", aquel niño navarro que robaba habas, es un mito hasta su muerte en la ciudad de los rascacielos, en 1990. Y a su encuentro, como no puede ser de otra manera, acuden decenas de guitarristas para conocerle y expresarle testimonio de su admiración. Un día, se le presentó un joven melenudo al que le dio un consejo: intenta ser tu, no hagas versiones de otros. Quien sabe cuanto le deberá el Flamenco, y la imagen de España ante el mundo,  a aquella charla entre el viejo Sabicas y un principiante Paco De Lucía...

 

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