sábado. 02.03.2024

Tomarse un café con hielo es difícil si no hay hielo, como tomar una copa fría sin cubitos. Conservar el pescado expuesto en la pescadería sin hielo, misión imposible. Es algo a lo que habrá que enfrentarse este verano en Ceuta debido a la escasez.

 

A nivel doméstico, con un consumo bajo, se soluciona con poner una cubitera o una bolsa de cubitos en el congelador con tiempo suficiente, pero los locales como pubs pueden llegar a consumir 100 bolsas de hielo durante un fin de semana, además de lo que producen sus propias máquinas de hielo lo que para muchos negocios de hostelería la situación puede suponer una pérdida de ingresos durante una de las épocas de mayor actividad.

 

La presente situación es que los distribuidores de hielo en Ceuta se han quedado sin existencias y los fabricantes no les garantizan que en lo que queda de semana puedan recibir nuevos envíos. Las grandes cadenas como Carrefour, Mercadona o Lidl que cuentan con contratos de proveedores que garantizan el suministro, se vieron obligados a limitar la venta de un máximo de 5 bolsas de hielo por cliente desde hace semanas y la situación sigue igual ahora mismo. Otro lugar en el que se suele comprar hielo son las gasolineras  pero como estas reciben su suministro de los distribuidores locales, el problema persiste.

 

Desde varias fuentes del sector nos señalan que el problema radica en que durante la pandemia el consumo de hielo cayó abruptamente y este negocio solo es rentable si se hace una producción elevada. En febrero, las fábricas, ante la posibilidad de que hubiera nuevas restricciones este verano que volvieran a mantener bajo el consumo, unido a la subida de los precios de la energía, decidieron no hacer un gran acopio de hielo puesto que es muy caro de mantener. Un acopio que habitualmente es necesario puesto que la demanda en verano, y más en uno tan cálido como el actual, supera con creces la capacidad de producción del sector.

 

La ecuación es sencilla de entender, no hay stock acumulado, no hay capacidad de producción suficiente y la demanda se incrementa. El resultado: escasez de hielo.

 

Esta situación, que no es nueva – nos recuerdan el verano de 2003 donde se produjo algo parecido- y se suele dar por diferentes circunstancias cada cierto tiempo, se solucionará en septiembre en cuanto baje el calor.

 

Sin embargo, en el sector hay cierta preocupación sobre otros productos que tienen características similares en su logística – altos costes de conservación refrigerada -donde se podría dar una situación similar, especialmente a partir del próximo otoño.

 

De momento, nadie puede garantizar que esta escasez se vaya a dar, pero corren los rumores entre fábricas y distribuidores mayoristas de alimentos sobre la incapacidad para cubrir demandas de ciertos alimentos y de la falta de stock en almacenes, también por el elevado coste de mantener refrigerados estos géneros.

 

Hablamos de productos congelados como pechugas de pollo, o algo tan necesario como la leche, cuya carestía supondría un problema de mayor magnitud que la del hielo, insistimos, si llega a producirse, y los rumores se convierten en realidad.

Los distribuidores de hielo no saben si lo van a recibir esta semana