lunes. 26.02.2024
ENTREVISTA-Patricia Martínez De Vicente, hija de uno de los "Schlinder" españoles

"Mi padre nunca nos contó que habia ayudado a salvar cientos de vidas"

El mundo empezó a tomar constancia del horror del Holocausto cuando las tropas soviéticas y norteamericanas entraban en campos como Auchwitz o Treblinka. Y a pesar de que la cifra de muertos fuera impresionante, con el paso de los años hemos ido descubriendo historias de hombres que salvaron miles de vidas, aún a riesgo de la suya propia. Muchos de ellos fueron españoles: Angel Sanz Briz, Eduardo Propper de Callejón o Eduardo Martínez Alonso “Lalo”. Este último, un médico español cuya historia repasamos con su hija, Patricia, autora de 'La Clave Embassy', que lamenta cierto olvido por parte del Estado de Israel.

 

PREGUNTA: Su padre fue un hombre con una posición  que parece acomodada con el paso de los años, la de médico en el Madrid de posguerras, y sin ningún vínculo conocido con aquellas personas que huían del horror. ¿Qué le llevó a ello? ¿Fue llevar hasta el extremo la parte más altruista, más noble, de la profesión de galeno?

 

Mi padre provenía de una familia acomodada gallega. Estudió Medicina en Liverpool y Madrid, se especializó en cirugía torácica en  Suecia, y regresó a Madrid en 1946 como jefe de servicio de cirugía torácica en Cruz Roja Española, dónde ejerció hasta su fallecimiento en 1972. Fue uno de los primeros cirujanos españoles que operó cáncer de pulmón en su país. Por su concepto profesional de ayuda al prójimo, sin ninguna connotación religiosa o política sabía que debía salvar vidas a cualquier precio. Como ya había hecho en España durante la Guerra Civil sin tomar partido, en ambos bandos, igualmente en Cruz Roja. Quizá tanto o más meritorio.

 

 

 

Gino Bartali fue tenido por un campeón cuyos triunfos usó el fascismo italiano para demostrar su superioridad. Sin embargo, sólo tras su muerte, se conoció que había usado su condición de ciclista para salvar cientos de vidas. Era un secreto que el ganador de Giro y Tour ocultó hasta a su propia familia. ¿Ustedes crecieron sabiendo “el secreto” de su padre o lo descubrieron a posteriori?

 

Mi madre en parte fue cómplice porque estas operaciones coinciden con su noviazgo y boda. Huyen de la Gestapo en Madrid hacia Portugal en enero 1942.  Fue ella directamente y sobre todo el diario de mi padre que encontré unos 40 años después de donde saqué la información principal.  Nunca en directo de él.

 

 

 

¿Cual fue el sistema, cual el trabajo, que permitió a su padre salvar miles de vidas?. ¿Qué hacía exactamente? Aclarar que tiene un toque ciertamente novelesco: una tetería británica como “centro de operaciones”.

Contesto ampliamente a la siguiente pregunta en mi libro La clave Embassy. Él se presenta en la embajada el día que estalla la II Guerra Mundial, en 1940, para ofrecerse como médico voluntario a irse con el Ejército británico.  Pero el agregado militar, brigadier Torr, le dice que lo necesitan en España, que ya estaba prevista como ruta de evacuación de judíos polacos en esas fechas. Embassy era una tapadera humanitaria. En especial para apoyar a la dueña, irlandesa, Margarita Taylor, que cobijaba a los refugiados en su propia casa, sobre el establecimiento de Castellana 12.

 

 

 

¿En algún momento temió sufrir represalias por aquello?

No sufrió ninguna represalia nunca, ni durante los 2 años que ejerció en la clandestinidad entre miranda de Ebro, Madrid y nuestra casa gallega en Redondela hasta sacarlos a la frontera portuguesa - puesto que el MI6 británico, con quien él cooperaba lo protegió siempre.  Incluso con el gobierno de Franco. Mucho menos en 1946 cuando regresamos todos de Londres tuvo el mínimo enfrentamiento con ningún gobierno franquista. Muy al contrario, está condecorado con el “King George Medal  for Courage” británico y la Cruz de Oro Polaca, después de la guerra.

En 1993, se estrena La Lista de Schlinder, basada en la honorable vida de un industrial que salvó de la muerte a cientos de personas. Sin embargo, a sus “émulos” españoles los estamos conociendo ahora, y muy con cuentagotas. Ocurre otro tanto con Juan Pujol “Garbo”, acaso el autor de la mayor treta de la historia, y con el ingeniero Fernando Gallego, cuyo dibujo de puertos flotantes era sospechosamente parecido al empleado en el Desembarco de Normandía ¿Nos lo tenemos que hacer mirar como país?

 

No creo que "nos tengamos que hacer mirar como país", ni mucho menos. En mi criterio deberían de hacerse mirar los que se salvaron. No he leído ni un solo agradecimiento de ellos o sus descendientes. Solo a través de España entre 1940/45 las cifras de la Cruz Roja Británica rondan los 300.000 refugiados que se salvaron a través de España. Obviamente no solo judíos.  Se pretende hacer creer a la posteridad que TODOS los refugiados eran judíos, y no es así. Hubo checos, belgas, polacos, franceses, etc...  Es un mérito que Israel hoy quiere colgarse qué solo sus judíos eran perseguidos. Pero estoy por escucharles jamás - excepto en el caso de Sanz Briz, 2 de los niños Vandor y su madre que él salvó con 5000 más - lo agradecidos que están a personas como mi padre y bastantes más que se jugaron la vida por unos desconocidos que estaban condenados a perderla en sus países de origen.  Eso habría que preguntárselo a los israelitas de hoy.  ¿A quién han dado las gracias por ello cuando existen nombres, hechos y documentos que lo prueban?  Solo se quejan de los muertos, no de los supervivientes.

 

 

Hablando de Sanz Briz o Propper de Callejón ¿tiene usted contacto con sus familias?

Nuestras familias no tienen ningún contacto con el resto de los salvadores.  Solo de casualidad, la mujer de Garbo, Araceli, contactó con mi padre muchos años después de regresar ella con sus hijos a España por necesitar sus servicios médicos.  Debían tener referencias mutuas, pero nunca se conocieron en Londres donde coincidieron.  El capricho de la vida quiso que mi padre tuviera que operar a su hija María Eugenia, a vida o muerte en una noche de verano madrileño.  Y ahí la tenemos hoy, afortunadamente.

 

 

Y su familia ¿ha recibido alguna carta de gratitud por el trabajo de su padre?

 

Ninguna carta de gratitud de nadie, que no echo en falta.  Ni ofrecimiento de ninguna clase, como por ejemplo publicar mi libro en Israel para que se sepa qué pasó a través de España gracias a un puñado de españoles valientes. Mi padre cumplió con su conciencia en un momento de máxima tensión internacional como pudo. Y jamás habló de ello con nadie. Ni conmigo, que era su única hija. Yo hice después una investigación de 13 años, en los que he escrito 3 libros sobre los salvamentos a través de España. Tampoco Margarita Taylor, que estuvo al pue del cañón directamente en Embassy hasta el fin de la guerra ha tenido ningún reconocimiento que yo sepa.  Mucho menos de los miles de refugiados que descansaron en su propia casa entre 1940/45 un día tras otro camino de Portugal O Gibraltar.  Ahí hay mucho hilo que cortar todavía.

 

 

 

¿Es aventurado decir que los “Lalos” del siglo XXI pueden estar ahora rescatando a personas de una muerte segura en cualquier lugar del Mediterráneo?

No dudo que mi padre y muchos de sus compañeros socorrieran ahora a los africanos que llegan en pateras. No es una casualidad que la mayoría de ellos sean hoy voluntarios de Cruz Roja, el mismo parapeto que usaba mi padre como médico de esa entidad para rescatar a los presos de Miranda de Ebro en 1940/41

 

Muchas gracias

A vosotros.

 

 

 

"Mi padre nunca nos contó que habia ayudado a salvar cientos de vidas"