Si usted nos lee desde cualquier lugar del mundo que no se encuentre entre Benzú, San Antonio y El Tarajal, habrá escuchado en alguna ocasión aquello de que es imposible ponerle puertas al campo. Pero en Ceuta, no solo no es imposible sino que de hecho se pusieron: fue durante la época portuguesa, cuando los lusos fortificaron la ciudad con nueve puertas que se abrían y cerraban convenientemente a una hora para evitar que hubiese incursiones no deseadas en la ciudadela. Esas Puertas del Campo, coincidentes con las Murallas Reales y los actuales Jardines de la Argentina y barriada de la Estación del Ferrocarril, delimitaban el terreno de Ceuta. Tras las puertas, la ciudad. Delante de ellas, la naturaleza y los adversarios a los que querían repeler.
Siglos después de la presencia portuguesa en Ceuta, ese lugar vuelve a estar de actualidad. En estos momentos, es un auténtico laberinto: se ha levantado un considerable canal por el que tiene que conectarse, desde Juan XXIII, un cable submarino que supone una de las obras más esperadas de la historia de la ciudad: la que permitirá descarbonizar la central eléctrica, abaratar el sistema de producción y acabar con los apagones.El cable submarino tiene que pasar, necesariamente, por ahí. Pero no solo por la zanja abierta -para entendernos- junto a las paredes de ENDESA, sino que tiene que llegar a ese punto justo desde enfrente: desde un puente que, aunque mucha gente no lo sepa, conecta directamente con las Murallas Reales.
Y el caso es que la zona se presta a 'riesgos' para la obra. Estamos hablando de un lugar separado por apenas metros de la antigua 'Caseta de Arqueología': una especie de museo de nuestra historia que estuvo ahi hasta hace algunas décadas. Pero justo enfrente de un lugar donde se encontró, a mediados de los años sesenta, una necrópolis romana. Sus restos fueron extraídos y parte de ellos se encuentran en la actual Basílica Tardorromana. Denotaban, además, que eran personas de clase pudiente para la época, al tanto de la moda fúnebre que se estilaba en aquellos años en la capital del imperio. También -hablamos de hace miles de años: téngase en cuenta- ese lugar daba a entender una importante mortalidad infantil, tal y como puede consultarse en el recomendable 'Cementerios, necrópolis y otros lugares de enterramiento de Ceuta'. Un trabajo coral de hace casi una década, con autores como José Luis Gómez Barceló o Fernando Vilada (entre otros) y que recoge los trabajos en aquella necrópolis, a raiz de la intervención de uno de los grandes titanes de la historiografía ceutí, como fue el profesor Carlos Posac Mon. El lugar de aquellos enterramientos, por cierto, justo bajo estas líneas.


