jueves. 04.06.2026

Capitanía Marítima ha organizado un simulacro de emergencia química de gran complejidad, que se desarrollará hoy y mañana, que recrea una fuga de amoniaco en un buque fondeado en el Puerto de Ceuta. El ejercicio, de carácter técnico y estratégico, reúne a las principales administraciones y organismos con competencias en seguridad marítima, emergencias y protección civil, con el objetivo de poner a prueba los protocolos de coordinación y respuesta ante un posible episodio de contaminación marina y atmosférica.

La actividad se desarrolla en dos jornadas diferenciadas y tiene como punto de partida la sala de reuniones del ático del INSS, donde a partir de las 10:00 horas se congregan los responsables técnicos y operativos de las distintas entidades participantes.

Un ejercicio coordinado por la Marina Mercante

En el simulacro participan la Dirección General de la Marina Mercante, la Sociedad Estatal de Salvamento y Seguridad Marítima (SASEMAR), la Autoridad Portuaria de Ceuta, Protección Civil, el Servicio de Extinción de Incendios y Salvamento (SEIS) de la Ciudad Autónoma, la Delegación del Gobierno, Emergencias 112 y otros organismos, entidades y empresas vinculadas a la gestión de emergencias y riesgos químicos.

El supuesto planteado recrea una colisión entre dos buques en aguas portuarias, que provoca la rotura de un tanque con una capacidad de 300 metros cúbicos que transporta amoniaco. Como consecuencia, se produce una descarga instantánea del producto tanto a la mar como a la atmósfera, generando una nube tóxica cuya evolución podría, en un tiempo determinado, alcanzar instalaciones portuarias y determinadas zonas de la ciudad.

El simulacro se estructura en dos fases claramente diferenciadas. Durante el primer día, el trabajo se centra en definir con precisión el escenario del ejercicio y en dar a conocer las herramientas técnicas disponibles para calcular la dispersión de una nube tóxica. En este contexto, el jefe del Centro de Coordinación de Salvamento (CCS) de Tarifa presenta el uso del programa ALOHA, una aplicación especializada que permite modelizar la evolución de sustancias peligrosas liberadas a la atmósfera.

El segundo día se desarrolla el ejercicio de lucha contra la contaminación química, aunque sin despliegue de medios reales, lo que permite analizar la toma de decisiones, la cadena de mando y los tiempos de respuesta sin riesgos para la población ni para el entorno portuario.

Objetivos clave del simulacro

El ejercicio persigue una serie de objetivos estratégicos, entre los que destaca el ensayo de la constitución de las estructuras de respuesta y la comprobación de los procedimientos operativos establecidos para este tipo de emergencias. Asimismo, se evalúa la correcta utilización de los medios materiales y humanos disponibles, aunque en esta ocasión de forma simulada.

Otro de los ejes fundamentales es la evaluación del grado de coordinación entre las distintas administraciones, organismos, instituciones y empresas implicadas, conforme a lo previsto en el Sistema Nacional de Respuesta ante Contaminaciones Marinas. Este análisis resulta clave para detectar posibles disfunciones y áreas de mejora en la gestión conjunta de una crisis de estas características.

Capacidad de respuesta ante riesgos químicos

El simulacro también permite localizar y analizar los grupos de respuesta especializados en la gestión de riesgos químicos, evaluando su manejo de equipos y técnicas de lucha contra la contaminación química, así como sus tiempos de respuesta, disponibilidad y recursos humanos y materiales.

Las conclusiones que se extraigan del ejercicio servirán, además, para proponer posibles revisiones del Plan Marítimo Nacional, incorporando enmiendas basadas en la experiencia práctica obtenida durante el simulacro.

Capitanía Marítima subraya que este tipo de ejercicios no responden a una situación de riesgo real, sino que forman parte de la planificación preventiva destinada a garantizar la seguridad de la ciudadanía, del puerto y del medio marino. La simulación de una fuga de amoniaco, una sustancia potencialmente peligrosa, permite comprobar la capacidad de la Administración española para dirigir, coordinar y responder ante un suceso de contaminación química en el que estén implicadas sustancias nocivas líquidas.

El puerto pone a prueba su capacidad de respuesta con un simulacro de fuga de amoniaco