Gonzalo Sanz, jefe de Gabinete de la Delegación del Gobierno, enlace de la Dirección General de Protección Civil, coordinó durante siete intensas jornadas la labor de 51 bomberos rumanos desplazados a Galicia a través del Mecanismo Europeo de Respuesta ante Emergencias. Su testimonio refleja la magnitud del desastre en Ourense y la disciplina del contingente extranjero.
Una activación urgente rumbo a Galicia
El miércoles 27 de agosto, a mediodía, Gonzalo Sanz, funcionario ceutí de la Dirección General de Protección Civil, recibió una llamada que cambiaría sus planes de inmediato. La orden era clara: debía desplazarse a Galicia para actuar como enlace del Ministerio del Interior con el contingente rumano que llegaba al día siguiente al aeródromo militar de Santiago de Compostela.
En apenas unas horas, Sanz se organizó y emprendió viaje por carretera. A las nueve de la mañana ya estaba en Galicia para recibir el jueves 28 de agosto el avión militar Hércules C-130 de las Fuerzas Aéreas Rumanas, que transportaba a 51 bomberos militares, acompañados de 5.000 kilos de material de extinción.
El papel del enlace español
Su responsabilidad consistía en ser representante del Estado ante la misión internacional. El Mecanismo Europeo de Respuesta ante Emergencias exige que cada grupo extranjero cuente con un responsable local que gestione la logística y actúe de interlocutor con las autoridades autonómicas.
En Galicia trabajaban de forma simultánea brigadas de Finlandia, Estonia y Rumanía, además de bomberos nacionales y personal de la Xunta. Entre todos ellos, los rumanos fueron el contingente más numeroso.
Sanz explica que su trabajo se centró en coordinar el transporte de personas y materiales, atender necesidades médicas o logísticas, y garantizar que cada directriz marcada por los responsables de emergencias de la Xunta de Galicia se cumpliera con eficacia.
Siete jornadas de diez horas contra el fuego
El grupo rumano se desplegó en diferentes puntos de la provincia de Ourense, epicentro de la catástrofe forestal. Según los datos que maneja Sanz, llegaron a quemarse más de 170.000 hectáreas, lo que equivale a entre unas 8 o 10 veces la superficie de Ceuta.
Durante siete jornadas consecutivas, con turnos de hasta diez horas, los bomberos rumanos trabajaron en incendios de gran magnitud. Uno de los más relevantes fue el declarado en la localidad de Avión, que llegó a descontrolarse rápidamente y obligó a mantener al contingente durante tres días en la zona.
En otras ocasiones actuaron en lugares emblemáticos como los cañones del Sil o la aldea de Os Peares, así como en Monterrei, donde tuvieron que intervenir tras el paso devastador del fuego por una aldea de 40 viviendas, de las cuales 20 quedaron completamente destruidas.
Disciplina militar y trabajo en equipo
El contingente rumano estaba compuesto íntegramente por bomberos militares, con un coronel y un teniente coronel al mando. Su disciplina y profesionalidad llamaron la atención de Sanz, que destaca la homogeneidad en sus procedimientos.
En Rumanía, todos los bomberos reciben la misma formación, utilizan idénticos uniformes y equipos, y cuentan con competencias tanto en incendios urbanos, forestales como en emergencias paramédicas. Esa uniformidad operativa facilitó mucho la integración con los equipos españoles y europeos desplegados en Galicia.
Además, trajeron materiales poco comunes en España, como los sopladores nebulizadores, que combinaban la función de mover aire con la de generar humedad, lo que despertó el interés de otros bomberos nacionales por su eficacia en incendios reales.
La logística, un reto permanente
Mover a 51 personas en una orografía complicada y con incendios que alcanzaban dimensiones de 10 a 12 kilómetros cuadrados no fue tarea fácil. El equipo se desplazaba en un convoy compuesto por un autobús, varias furgonetas y vehículos todoterreno, siempre bajo las indicaciones del director de extinción en cada foco.
A ello se sumaban las dificultades logísticas: distribución de comida y agua en pleno frente de fuego, atención sanitaria inmediata para casos de golpes de calor o agotamiento, y la gestión de averías de vehículos tras recorrer miles de kilómetros.
Sanz destaca la importancia de haber tejido una red preventiva de contactos antes de llegar a Galicia. Gracias a ello, pudo coordinar con centros de salud locales, como el de Celanova, para atender urgencias médicas de forma rápida y eficaz.
El apoyo del pueblo gallego
El alcalde de Celanova, Antonio Puga, jugó un papel clave ofreciendo el albergue juvenil como base de operaciones, compartida con el contingente finlandés. Desde allí se organizaron los movimientos diarios y se atendieron las necesidades básicas de alojamiento, alimentación e hidratación.
Sanz recuerda la solidaridad de los vecinos gallegos, que acogieron con gratitud a los bomberos internacionales, y cómo los rumanos quedaron profundamente emocionados por la hospitalidad recibida.
Resultados y aprendizajes
Tras siete días de intenso trabajo, el balance fue positivo: el mecanismo europeo demostró su eficacia y permitió reforzar la capacidad de respuesta de Galicia frente a una de las olas de incendios más devastadoras de los últimos años.
Para Sanz, la experiencia confirma la necesidad de avanzar hacia una Agencia Estatal de Emergencias que homogeneice materiales, protocolos y refuerce la inversión en protección civil. Recuerda que “el fuego no entiende de colores políticos” y que la coordinación es esencial para afrontar desastres cada vez más frecuentes debido al cambio climático.
El recuerdo que se llevan los rumanos
Según el relato del ceutí, los bomberos rumanos regresaron a su país agotados pero orgullosos de su contribución. Muchos confesaron no haber visto nunca incendios de tal magnitud y se marcharon impresionados por la belleza del paisaje gallego y la magnitud de la tragedia.
Lo que más destacaron fue el cariño recibido por la población local, una muestra de la solidaridad entre pueblos europeos que fortalece la cooperación internacional en emergencias.
Ceuta, presente en la coordinación de emergencias
La misión internacional en Galicia demostró que Ceuta también tiene presencia activa en la gestión de grandes emergencias. La labor de Gonzalo Sanz como enlace del Ministerio del Interior puso en valor la experiencia de un funcionario caballa en la coordinación de un dispositivo europeo sin precedentes en España.
Su testimonio subraya que la colaboración internacional no solo permite sofocar fuegos, sino también intercambiar conocimientos, técnicas y materiales que enriquecen a todos los equipos. Un aprendizaje mutuo que se antoja imprescindible en un futuro donde los incendios forestales serán cada vez más frecuentes y devastadores.






