Lejos de los flashes y la expectación mundial que hoy rodean al recién proclamado Papa León XIV, Robert Prevost ya había dejado un legado en Ceuta durante una visita realizada en 2007. Entonces, el actual Pontífice ejercía como Prior General de la Orden de los Agustinos, cargo que le llevó a recorrer distintos centros educativos y religiosos distribuidos por todo el mundo, incluida nuestra ciudad. Lo que pocos imaginaban en aquel momento es que, años después, el hombre que dialogaba con estudiantes y docentes en las aulas ceutíes acabaría ocupando la Cátedra de Pedro.
Aquella visita, recogida por Isabel María Martín para la Revista Escolar del Colegio San Agustín (RECSA), nos permite descubrir una faceta cercana y profundamente humana de quien hoy lidera la Iglesia Católica.
Durante su entrevista en 2007 —entonces con 51 años— se presentó como un religioso con décadas de servicio en diferentes rincones del mundo. Aunque nacido en Estados Unidos, presumía con naturalidad de sus raíces españolas y francesas, especialmente a través del apellido Martínez de su abuelo y su prolongada estancia en Latinoamérica: "Mi nombre es Padre Robert Prevost, y soy de Estados Unidos. No tenemos apellidos maternos, pero si lo llevara sería Martínez, pues mi abuelo era hijo de españoles; y, por otro lado, también tengo ascendencia francesa".
“Quería venir a conocer este centro, porque había oído hablar mucho de Ceuta, de la presencia de este colegio en la ciudad. Como Prior General, tengo la responsabilidad de visitar todas las comunidades donde trabajan los agustinos. Algunas veces esto es casi físicamente imposible, por eso existe un Consejo General que colabora conmigo. Pero si me es posible y son lugares que aún no conozco, me gusta ir personalmente”, relató el ahora Papa.
Aquella primera impresión del Colegio San Agustín estuvo marcada por la cercanía y el ambiente familiar que percibió entre profesores, alumnos y personal. “Me gusta la idea de que no sea tan extenso. Con setecientos u ochocientos alumnos es más fácil crear un ambiente de familia, o lo que llamamos ‘comunidad’, que es parte de nuestro carisma agustiniano”, valoró.
Un recorrido por Ceuta y un mensaje de respeto intercultural
El actual Papa tuvo también la oportunidad de conocer de primera mano la ciudad autónoma y sus peculiaridades geográficas e interculturales. “Me resulta curioso que sigamos estando en España, aunque sea en otro continente. Al no ser una ciudad demasiado grande, tiene una personalidad. En la gente no se ve el ajetreo de las ciudades grandes”, comentó tras recorrer miradores, playas y fronteras.
Durante la conversación con los estudiantes, Prevost también abordó las tensiones entre religiones y subrayó la importancia del diálogo interreligioso, especialmente en un entorno diverso como Ceuta. “El Papa Benedicto XVI ya lo decía entonces: el mundo, aunque tenga mucha globalización, está cada vez más fragmentado. Nosotros, como agustinos, debemos seguir trabajando para promover una mayor unidad. La misión de este centro es crucial, por su convivencia ejemplar entre católicos, musulmanes, hindúes y hebreos", afirmó, destacando la necesidad de “respeto mutuo” por encima de la simple tolerancia.
Un recorrido eclesiástico marcado por la humildad
Prevost, quien ya hablaba varios idiomas —incluidos inglés, español, italiano y francés—, relató su trayectoria desde sus inicios como diácono en Estados Unidos hasta su paso por Perú, donde ejerció como misionero y formador de agustinos durante doce años. Desde allí regresó a Chicago como superior provincial antes de ser elegido Prior General en Roma, una elección que coincidió con su cumpleaños número 46.
“Ser Prior General no ha sido ninguna ambición, es una elección que se hace cada seis años en un capítulo general”, confesó con humildad aquel día.
La preparación de un líder para tiempos de cambio
Las palabras que el nuevo Papa compartió con los alumnos del Colegio San Agustín hace casi dos décadas son hoy más relevantes que nunca. Una apuesta por la unidad, la formación integral y el liderazgo de futuro que marcó a quienes le conocieron en Ceuta: “Que busquen las respuestas a las cuestiones importantes: el sentido de la vida, la amistad, la convivencia. Y que sean ellos los auténticos líderes del futuro. Aquí tienen las herramientas para construir un mañana mejor”.
Quienes vivieron aquella visita recuerdan la serenidad y sencillez de un hombre que, sin buscarlo, se ha convertido en el Papa León XIV. Un Pontífice que ya entonces vislumbraba con claridad los desafíos de la Iglesia: acercarse a las personas, promover la paz y construir puentes en un mundo cada vez más dividido.
Su vínculo con Ceuta, aunque breve, ya forma parte de la historia de la ciudad y de la huella humana de un Papa que ahora lleva su mensaje de unidad al mundo.


