domingo. 26.05.2024

Perder el tiempo y la infancia

Ramón Rodríguez/ Archivo
Ramón Rodríguez/ Archivo

Voy a ser breve y categórico desde el principio, pues aunque se trata de un problema muy complejo, hay una conclusión evidente: la educación en España no funciona.

 La “escuela” española no obtiene los resultados deseados ni es capaz de incentivar a profesores y alumnos. Nuestros hijos “sufren” más horas de clases que los de otros países, sin que estas estancias desmedidas en el colegio o instituto impliquen una mejora significativa en los resultados académicos, siendo, además, peores que la media europea. En España, los jóvenes entre 12 y 16 años están obligados a hacer cuatro horas más de clases semanales que el resto de europeos. En concreto un 20% más.  Un 15% si nos referimos a países de la OCDE. 10800 minutos de más. 10800 minutos desperdiciados. ¿Y por qué digo 10800 minutos en lugar de 180 horas? Porque cada uno de esos minutos son minutos desaprovechados de la infancia -según los datos estadísticos- lo que en definitiva significa que son minutos perdidos para nuestra sociedad futura. Y un minuto de futuro que marcha es un paso más hacia la nada.

 El gran síntoma de que la educación española y fracaso van cogidos de la mano es que actualmente 1,4 millones de jóvenes no poseen los estudios mínimos para poder incorporarse al mundo laboral. Más horas de clases, más abandono escolar y menos oportunidades. Con estos mimbres no creo que a nadie se le ocurra pensar que tenemos las mejores bazas para construir una sociedad libre, formada, solidaria y competitiva.

 La “maravillosa” sociedad del conocimiento que hemos construido, y tenemos la intención de que hereden nuestros vástagos, se ha convertido en España en una lacra en la que hemos creado la ilusión de que es perfectamente posible acceder a la información prescindiendo de la escuela y los educadores. La trampa está en que puede ser efectivamente posible, pero en ningún momento sería viable que surja una sociedad empática sin los valores transversales adquiridos en la interacción directa con los docentes. Y que existe una gran diferencia entre acceso a la información y gestión de la misma.

 En anteriores artículos he denunciado el robo de nuestro tiempo, de nuestra vida, pues la vida es tiempo. Que te arrebaten tu tiempo debiera ser un delito de lesa humanidad y es sensiblemente grave cuando se lo sustraen a la infancia. La niñez es una etapa vital de experimentación, de autoconocimiento y reconocimiento. Y para ello necesita de tiempo, de tiempo efectivo, de tiempo ganado y jamás de tiempo perdido. Y mira que es difícil conseguir llegar al tiempo perdido y sin embargo nuestro sistema educativo lo consigue. La sociedad española, y su reflejo, la escuela, están infectadas por el virus del presentismo. Hay que estar aunque eso no solo no signifique eficiencia sino además improductividad. Como ocurre con nuestra educación, más horas presenciales para conseguir mayor fracaso escolar. Y el fracaso escolar es fracaso social.

 Vamos corriendo hacia todas partes para llegar una y otra vez a ningún lugar o, peor aún, al abismo de la infelicidad. La niñez ya no consigue “vestirse” de infancia y la infancia se siente irremisiblemente ligada a la actividad escolar. La niñez sería el punto de partida y la infancia el proceso, en medio el sistema educativo español propiciando que se “pierdan” tiempo e infancia.

          Y que nadie se lleve a engaño, el problema no son los educadores sino el sistema que nos aboca al desastre. Una de las pocas grandeza efectivas de nuestro sistema público de enseñanza es que posibilita la enseñanza en y desde la diversidad, pero ni tan siquiera esto puede compensar por el destrozo que se realiza a la infancia. Menos horas, ratios menores, mayor flexibilidad y más docentes. Estos son los elementos esenciales para comenzar a recuperar nuestras vidas y las de nuestros hijos e hijas.

 Como dijera Soul Etspes: “La ignorancia y la libertad están íntimamente relacionadas, cuanto mayor es la primera menor es la segunda”. Pero jamás llegaremos a conseguir la libertad si no disponemos de tiempo.

Perder el tiempo y la infancia