miércoles. 29.05.2024

1º de Mayo “También un día para la reflexión”

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1º de mayo. Festivo. Pero no sólo. Debe ser, además, un día para la reflexión. Un día para potenciar (en muchos casos adquirir) nuestra conciencia de clase. Y hacerla germinar universalmente en la búsqueda infatigable de un mundo más justo habitado por una humanidad más libre, honesta, generosa y solidaria. La clase trabajadora sigue siendo, en su esencia más primigenia, la clase trabajadora. Quienes sólo disponen de sus manos y su corazón para vivir con dignidad, constituimos la clase trabajadora. La que sostiene el mundo. La que lo hace avanzar. También la que sufre. Su diversidad y heterogeneidad actuales, intrínsecas en un tiempo complejo, desajustado y convulso, no la desnaturaliza. Está latente.

Todos deberíamos hacer un esfuerzo para escapar de la trampa mortal que, a modo de un infernal laberinto, nos ha tendido el neoliberalismo, intentando transformarnos en individuos egoístas e insolidarios, centrados y concentrados cada cual en nuestro interés particular y despojados de nuestra dimensión colectiva, que es la única que puede explicar con cierta solvencia nuestra propia existencia. Decía María Zambrano que “lo grave es resbalar por la vida sin adentrarse en ella”. Adentrarse en la vida implica sentirse concernido por cuanto sucede en tu tiempo, entendiendo que nuestra actitud, nuestra opinión, nuestros actos, y también nuestras omisiones, ante los hechos que ocurren en el mundo, tienen valor y trascendencia. Estar vivo es tomar partido.

Pertenecer a la clase trabajadora nos compromete con todas las causas justas y nos obliga a combatir las injusticias allá donde se produzcan.

No podemos permanecer pasivos ante una matanza salvaje como la que está sufriendo el pueblo palestino a manos de un Estado asesino, contando con la complicidad de una comunidad internacional irritantemente insensible secuestrada por su enfermiza mezquindad. No puede haber interés económico alguno que pueda valer más que la vida de un niño inocente. No valen falsas equidistancias. No vale mirar para otro lado. Frenar un genocidio es un deber moral de todos y todas. Debemos participar de manera activa en todas las acciones que se puedan emprender para detener este ultraje a la humanidad.

Tampoco podemos rehuir la responsabilidad que nos corresponde en la tarea de frenar a la extrema derecha y devolverla a las cavernas de la historia de donde nunca debió salir. A veces da la impresión de que no sabemos valorar en su justa medida las consecuencias de entregar poder e influencia a esta horda de fanáticos antidemócratas. Los tratamos como si fueran unos gamberros, díscolos o excéntricos diciendo disparates grotescos que resultan hasta graciosos. Estamos “normalizando” su presencia en la vida pública, asumiendo que “puedan gobernar como un partido cualquiera” y legitimando un discurso atroz que atenta de forma brutal contra la democracia. El desmantelamiento de todos los derechos sociales preconizado por la extrema derecha sería un golpe durísimo para todos los trabajadores y trabajadoras. Combatir a la extrema derecha es, en estos momentos, una prioridad ante la que no cabe ponerse de perfil.

Otra batalla inaplazable es combatir las políticas migratorias aplicadas en Europa y en España que atentan, de manera flagrante e impune contra los derechos humanos. Debemos promover e impulsar un cambio de mentalidad que termine por sustituir la “Europa fortaleza” por una “Europa abierta y acogedora”. Las personas migrantes, también integrantes de la clase trabajadora, no sólo merecen respeto y consideración, sino también nuestro apoyo y solidaridad a la hora de apoyar políticas que favorezcan sus proyectos vitales entre nosotros. La migración es un fenómeno natural que debemos normalizar y tratar con afecto. No vivimos en el siglo XV. En la era de la globalización, seguir levantando muros y alambres de espinos, es pulverizar los valores democráticos en un empeño estéril por negar el futuro de la humanidad.

“Malos tiempos corren, cuando hay que explicar lo evidente y defender lo obvio” Este conocido adagio nos lleva a otra reflexión obligada en este 1º de Mayo. Para la clase trabajadora, para la sociedad en su conjunto, y para cada trabajador o trabajadora individualmente considerada, es infinitamente mejor que gobierne la izquierda. La ampliación de los derechos sociales, las mejoras laborales, la protección social y la consolidación del estado del bienestar, siempre han sido conquistas logradas con gobiernos de izquierdas. Por ese motivo el poder económico (el de verdad) ataca a la izquierda de manera obsesiva y furibunda. Todas sus baterías políticas, mediáticas y judiciales puestas al servicio de sus intereses para derrotar a la izquierda y mantener sus privilegios a costa del sacrificio y el sufrimiento de los trabajadores. No debemos dejarnos seducir ni engañar. Los trabajadores y trabajadoras tenemos que apoyar a la izquierda en todas y cada una de las convocatorias electorales que se celebren en nuestro país. Contra la derecha de manera activa y entusiasta. Contagiando ilusión y esperanza.

Última reflexión. Esta sobre una realidad más cercana. ¿Queda alguien que crea en Ceuta? ¿Queda alguien que quiera a Ceuta? Necesitamos un urgente examen de conciencia colectiva. Hemos entrado en una dinámica de desafección total. A nadie parece importarle nada que no sea su propio interés concretado en pluses, bonificaciones y subvenciones. Tenemos que pensar Ceuta. Es una tarea urgente de todos los que sigan creyendo en esta tierra. Si es que queda alguien.

1º de Mayo “También un día para la reflexión”