viernes. 12.04.2024

Aquellos de los que nos reímos

Andábamos a pedradas, cuando sus legiones entraron en nuestro país. De aquellos años de sangre y estandartes nos quedan infinidad de rincones en nuestro patrimonio, desde los nombres de miles de ciudades (Ceuta, el derivado de Septem, de las Septem Frates) hasta joyas que hoy situan lugares como Cádiz, Segovia o Mérida en el mapa mundial.

 

Andábamos nosotros con nuestras repúblicas fallidas y nuestros reyes huidizos cuando ellos acababan su proceso de reunificación nacional. Cada vez que nos hemos creído los reyes del mundo, echamos la vista atrás para descubrir que ellos, esos de quienes siempre nos reímos, nos llevan años de adelanto. Una prueba: Colón descubre un nuevo continente, pero solo da nombre a un rincón de ese ensanchamiento del mundo llamado América en homenaje a uno de los suyos. Nosotros parimos a Cervantes o Velázquez; ellos a Dante, Leonardo, Miguel Ángel o Rafael.

 

Cuando creíamos, por ejemplo, que Hollywood era nuestro, hacía décadas que Fellini o Mastroianni eran leyenda en aquel suburbio de Los Ángeles. Organizamos unos Juegos Olímpicos, los mejores hasta aquel momento, pero 32 años después de que ellos hubieran asombrado al mundo.

 

Sufrieron el zarpazo del fascismo y del terrorismo antes que nosotros. Cuando Miguel Ángel Blanco y su muerte a cámara lenta (¿dónde estaban entonces, por cierto, los que hoy aportan ejemplarmente cosas a la gobernabilidad, Idoia Mendía?) paraban la respiración del país durante 48 horas, hacía veinte años que el cadáver ametrallado de Aldo Moro había aparecido desgajado en un maletero, en pleno centro de la ciudad más hermosa del mundo. Su propia actualidad nos iba mandando mensajes que no atendimos a descifrar. Sicilia se iba de las manos cuarenta años antes de que lo haya hecho el Campo de Gibraltar, pero en los años 80 nosotros solo queríamos enamorarnos de la moda juvenil, ponernos un jersey a rayas y pasar de la mafia.  Concluyeron aquella década con la mejor liga del mundo y un juez embriagado de si mismo  instruyendo sumarios que pulverizaban como termitas en madera los cimientos de los viejos partidos. Ese juez dio el salto a la política y acabó inhabilitado Después, llegó el populismo. ¿Nos va sonando de algo, verdad?.

 

Hablemos de deporte: hemos llamado suerte a lo que no es sino minimizar los errores y maximizar las posibilidades. Nos echamos a las calles para celebrar lo que hicieron los nuestros  por vez primera en Sudáfrica, pero cuatro años después de lo que los suyos hubieran hecho, por cuarta vez, lo mismo en Alemania.

 

Su industria pesada lleva décadas resistiendo a la germana o japonesa; a la nuestra me temo que le quedan días contados. En febrero, un ex mandatario suyo nos mandó un aviso: "No cometan nuestros errores". Por supuesto, no les hicimos ni puñetero caso y 800 y pico mil casos después, así nos luce el pelo.

 

La semana pasada, reducían en un tercio sus representantes políticos. Y yo me pregunto si, ahora también, los españolitos medios vamos a seguir riéndonos de Italia...

Aquellos de los que nos reímos