domingo. 19.05.2024

Obreros de los banquillos

Escribo estas líneas horas antes de que salten al terreno de juego Manchester City y Real Madrid. Posiblemente, los mejores equipos de la competición de competiciones. El eterno aspirante, en los últimos años y un equipo al que la Copa de Europa -tengo más años que un bosque: lo se- le pone. Saltar al terreno de juego contra el Real Madrid es salir con un gol abajo desde el punto de vista psicológico.

Y en los banquillos, dos maestros de esto. Carlo Ancelotti, el tipo con más Copas de Europa ganadas desde la banda y el único campeón de las cinco grandes ligas, frente a Pep Guardiola. Ideas políticas al margen, al de Santpedor hay que juzgarle como un futbolista excelso y el mejor aprendiz que pudo haber tenido el mejor entrenador que jamás pasó por la liga española: Johan Cruyff.

Más ¿son los mejores entrenadores del mundo?. Obviamente, podría decirse que si, pero yo quiero compartir una reflexión que he hecho en privado con muchos amigos. La de los obreros de los banquillos. Aquellos que nunca o rara vez inscribirán un título en su palmarés, pero que siempre son imprescindibles.

¿En que mejoran los citados a Javier Aguirre, que allá donde va firma un nuevo éxito?. ¿A Joaquín Caparrós, cocinero a fuego lento de equipos como el Sevilla de los primeros  paragüeros de Ikea o el Athletic de Bielsa?. ¿Que equipos han salvado del descenso, como Quique Sánchez Flores, Sergio González o Javier Clemente?. ¿Cuantas veces han dejado la comodidad de sus casas para, como Paco Flores, Paco Chaparro o Luis Costa salvar una vez más al club de sus amores?.¿Como demonios motivaban David Vidal y Ramón Blanco a un Cádiz sin palmarés, pero que a golpe de sobrevivir es leyenda?. ¿Qué no hubiera logrado Manolo Preciado si el corazón no se le para una maldita mañana?.

No les resto méritos: al contrario. Escribo esto desde la admiración más profunda a ambos. Pero siempre tendré la duda de que hubiera sido de los mencionados, o incluso alguno más que anda por categorías inferiores, de haber tenido ese golpe de suerte, de haber estado en la cuneta cuando ocurría el accidente, de haber tenido un representante acorde con sus cualidades. Quien esto firma ha aprendido más de fútbol hablando con algunos de Primera o Segunda Federación que viéndolos a ellos. Aquello de "las medias por encima de las rodillas es que oculta una lesión", si mete "el pie hasta en la ducha es que tiene que darle de comer a toda la familia" o "que se ponga al lado del árbitro: es el único al que no le pegan". Aquellos maestros que cuando llegaban a Ceuta lo primero que hacían era organizar una merienda de mujeres e hijos, "si se llevan bien, el vestuario es una seda; si no, que Dios nos ampare" o preguntar cuantos tenían estudios universitarios. "¿Cómo coño razono yo con estos ceporros, si la mitad no terminó el bachiller?", se me lamentaba uno de ellos hace años.

No hablo del fútbol caviar. Hablo de esas confidencias de fútbol y la vida -el primero es la mejor metáfora de la segunda- que tantas veces me han hecho Manolo De la Torre, Álvaro Pérez o Carlos Orúe. De esas ganas locas que tengo de ir a Canarias, que alguien me presente a Pacuco Rosales y me responda como demonios se consiguen once ascensos de categoría. De esos José Juan Romero  de la vida que obran más milagros que un San Pancracio, o esos Tobali, Ventura, Baby, Paco Sánchez Montoya y demás que han venido tantas veces, y con tantos equipos a Ceuta, que ha sido imposibles cogerles del todo la matrícula. De esa simetría perfecta que fue el Algeciras de José Luis Montes, tipo afable donde los hubiera y que en gloria de Maradona esté. De José Antonio Asián y tantos otros. De esos entrenadores que cada domingo sacrifican su tiempo libre para que un grupo de chavales juegue al fútbol.

Gracias, Carlo y Pep por este futbol delicatessen, este espectáculo que seguro podremos ver en las próximas horas. Pero gracias a tantos obreros de los banquillos que no lucen tanto. Sin ellos, esto no tendría base,  esencia ni razón de ser.

Postdata: iba a hablar de Bildu y Arnaldo Otegi. No me callo por que estemos en campaña; lo hago por educación...

Obreros de los banquillos