lunes. 24.06.2024

23-J ¿Vuelta al bipartidismo?

Siempre me ha llamado la atención -y no lo niego, me ha gustado- un detalle de la política estadounidense. El presidente del Partido Republicano o Demócrata no deja de ser un mero administrativo. Cada candidato a la Casa Blanca se busca sus propias habichuelas. Imaginemos que los  TPB (Tensadores de Pellejos de Bombo) deciden influir en las decisiones de uno u otro candidato. Cheque con el aspirante, apretón de manos con una sonrisa deslumbrante y listo. El candidato tiene uno o dos millones de dólares más y los TPB alguien que les deberá un favor. Al menos, es transparante. Nadie se va a asustar de que se juegue en el Café de Rick.

En Europa, sin embargo, los partidos pesan demasiado. Sin salir de nuestras fronteras, las grandes formaciones políticas las manejan el secretario de Organización, vicepresidente del Comité Electoral, vicesecretario de Territorios... Gente que usted no reconocería por la calle y que rara vez va a gestionar algo que no sea su propio sueldo a final de mes, pero que tiene controlado hasta el mínimo detalle de sus organizaciones. Esto permite a las estructuras orgánicas triturar un líder detrás de otro, sabiendo que siempre va a haber alguien dispuesto a reemplazarlo. En especial, tres: PSOE, PP y PNV. Todos han visto el abismo de cerca desde que esto echó andar, todos han tenido momentos de gloria y todos saben que en el Gobierno se está más calentito, por lo que nunca faltará quien encienda la estufa en la oposición. Ni siquiera Convergencia i Unió fue capaz de sobrevivir a la alargada sombra del Molt Imputable Pujol que, antifranquista el, acabará muriendo como Franco: en su cama, sin rendir cuentas a nadie y rodeado de los suyos.

Sin embargo, los partidos construidos en torno a una persona, al culto al líder, tienen un problema. Y la historia nos asiste: Adolfo Suárez venía con los muebles cuando nos dieron la casa, y nos caía bien, por lo que decidimos quedárnoslo unos años. El CDS nunca fue el Centro Democráctico y Social, sino la Cosa De Suárez y cuando el Duque cayó en desgracia, acabó como acabó.

Lo mismo que pasó con la UPyD de Rosa Díez, Ciudadanos de Albert Rivera,  el Podemos de Pablo Iglesias o, a una escala más regional pero igual de válida para lo que nos atañe,  el Grupo Independiente y Liberal de Jesús Gil. Son o eran personas con un gran tirón entre los suyos, con un discurso muy fácil de propagarse en el corto plazo -y, por tanto, de traducirse en resultados electorales-, pero también llevan implícito un riesgo: en caso de que al líder le pase algo, le cojan en dos renuncios o se le silencie convenientemente, adiós organización.El Partido Comunista de España si tuvo algo más de recorrido, pero a base de un tipo carismático detrás de otro. Gustarían más o menos, pero Santiago Carrillo, Gerardo Iglesias o Julio Anguita eran gente con una gran personalidad, que movilizaba a los suyos y merecía respeto entre el resto . Los que vinieron luego cambiaron la lucha obrera por la identidad de género de los bambúes y llevan más de una década en una sopa de siglas imposible de recitar de memoria.

Las Elecciones del 23 de julio van a dictaminar si VOX es algo más que el partido de Santiago Abascal y van a medir si Sumar es el último producto cesarista. Es el partido de Yolanda Díaz, ungida por Iglesias en el erróneo cálculo de que sería dúctil y maleable, hasta que la vicepresidenta demostró tener vida propia y emprendió camino a fuerza de llevarse por delante a su propio creador. Mary Shelley, en Frankenstein, estaba escribiendo sin pretenderlo un auténtico tratado de política...

Esa es la clave que ha debido manejar Sánchez para hacernos votar en vacaciones. A Yolanda Díaz no le va a dar tiempo de armar candidaturas potentes más allá de dos o tres provincias, las principales, las más urbanitas, pero tendrá que acudir con lo puesto en el resto de provincias. En Toledo, Ávila, Melilla, Badajoz, Ciudad Real o Segovia, que ahí la gente también vota. En el campo de minas. Donde, literalmente, el primero que pase será candidato al Congreso. Conclusión: entre el votante indeciso de izquierdas, siempre preferirán el voto útil a minimizar las posibilidades de victoria. Y no descarto que en el ámbito de VOX ocurra lo mismo: Feijóo no es lo que se dice un agitador de masas, pero es el único hombre ahora mismo capaz de poner punto y final al sanchismo. "Total, si luego tendrá que pactar con los nuestros", puede pensar el votante de Sumar y de VOX. La cabeza antes que el corazón. Primer paso para la vuelta al bipartidismo.

P.D: El localismo en Ceuta no se presenta. Ellos allá, pero el día en que sean conscientes de que su verdadero potencial está en la Carrera de San Jerónimo y no en la Plaza de África, la historia democrática de esta ciudad habrá comenzado a cambiar...

23-J ¿Vuelta al bipartidismo?