viernes. 24.05.2024

Madrid-Algeciras en tren: el viaje de los horrores

Escribo estas líneas mientras por la ventana veo como Madrid queda atrás. Este sábado, como muchos otros ceutíes (y no pocos españoles), emprendo el camino de regreso a casa tras las vacaciones. Un camino triste, que dista mucho de aquel iniciado hace unas semanas cuando el objetivo era el descanso merecido, y en el que me he vuelto a encontrar con el maltrato sistemático que por parte de RENFE sufrimos no solo los ciudadanos de Ceuta, sino también los del Campo de Gibraltar, en lo que a las comunicaciones con Madrid se refiere.

Raro es el viaje a la capital en el que no acabo sufriendo algún tipo de incidente. El pasado enero, camino a FITUR, la rotura de una catenaria me tuvo presa durante horas en un vagón a menos de 100 kilómetros de mi destino, apenas unos meses antes, la rotura de un motor me dejó durante más de una hora parada a escasos 30 kilómetros de Algeciras, y extraordinario es el día que no debo abandonar el tren original para coger un autobús que terminará el camino ante las reparaciones, obras o roturas en el tramo de vía que separa Antequera de Algeciras. Viajar en tren desde Madrid a Algeciras, o viceversa, se ha convertido en una auténtica pesadilla en la que cualquier incidente previo queda superado por el posterior.

Este sábado la aventura la hemos vivido en la Estación de Atocha, de la que hemos salido con media hora de retraso, sin que se haya permitido el acceso al tren hasta apenas 10 minutos antes de su partida, con cambio de vía incluido y un caos organizativo sin justificación. Ni uno solo de los empleados de RENFE ha ofrecido a los viajeros una explicación sobre lo que sucedía, tampoco se ha hecho a través de las pantallas, ni por la megafonía de la estación. Silencio absoluto mientras que más de un centenar de personas, entre las que había ancianos y niños, esperaban de pie, cargados con sus maletas, a saber cuándo saldría su tren y desde donde.

Un desprecio más a unos viajeros (clientes, que no se le olvide a RENFE) que han abonado por sus billetes un precio a todas luces excesivo para el servicio que reciben. Un desprecio más a unos pasajeros que están cansados de escuchar como se moderniza la red ferroviaria española, mientras que siguen viajando por tramos, desde Antequera hasta Algeciras, en los que parece que se regresa no al siglo XX, sino a finales del XIX, cuando el ferrocarril apenas acababa de desembarcar en nuestro país. Hoy (¿afortunadamente?) evitaré en mi regreso ese tramo, no por decisión propia, sino por una de esas obras de mejora, siempre cacareadas y nunca percibidas, en el tramo de marras. A cambio, un autobús me recogerá en Málaga para terminar mi viaje con la comodidad que merece (entiéndase la ironía) el importe pagado para viajar en tren de regreso a casa.

Escribo estas líneas mirando por la ventana mientras Ciudad Real se acerca, y me pregunto cuándo los ciudadanos de Algeciras, San Roque o Ceuta, seremos tan afortunados como los manchegos, los aragoneses, los valencianos, o nuestros vecinos malagueños y contaremos no ya con una línea de alta velocidad, sino con una línea de tren que no de vergüenza ajena y que nos permita regresar a casa (en nuestro caso antes de coger el barco) tristes por el final de las vacaciones pero no encabronados por retrasos, averías o transbordos.

Madrid-Algeciras en tren: el viaje de los horrores