jueves. 04.06.2026

De cara a las próximas Elecciones Autonómicas, los electores se dividirán básicamente en dos grupos: los que votan por alguna candidatura, y los que no. Pero, refiriéndonos a estos últimos ¿es lo mismo votar en blanco que abstenerse?. ¿Es lo mismo votar en blanco, abstenerse o votar nulo?. No: no es lo mismo.

Empecemos por citar a un personaje clave en esta historia:  Víctor D'Hont. Fue un jurista belga que ideó un método matemático para atribuir los escaños, en base a los votos obtenidos en cada elección, de un modo proporcional. Es el sistema que se utiliza en España, por ejemplo. Y aquí empezamos a ver las diferencias entre votar en blanco o abstenerse.

Para aplicar la 'Ley D'Hont', hay que dividir el número de votos obtenidos por cada partido por los escaños en juego. En el caso de la Asamblea de Ceuta: si la formación A obtiene 10.000 votos, habría que dividir 10.000 entre 1, 2... hasta llegar a los 25. Si la B logra 9.800 votos, se divide entre 1, 2, 3... hasta el total de representantes de la Asamblea local. Lo mismo ocurre con todos los partidos que se presenten a los comicios. Una vez dividido esto, habría que hallar el 5% de los votos emitidos -este porcentaje es el umbral mínimo establecido en autonómicas y municipales para obtener representación; para el Congreso es el 3% en cada circuscripción salvo en Ceuta y Melilla, donde al haber un sólo escaño en juego el ganador se lo lleva todo- y eliminar a todas las cifras que queden debajo de esa cantidad. Es decir: si se emiten 50.000 votos, solo obtendrían escaño las formaciones que lograsen de 2.500 votos en adelante. Esta es la primera particularidad del voto en blanco (un sobre vacío): a la hora de repartir las actas, se cuenta el voto en blanco. De modo que si concurriesen diez partidos a las Elecciones, habría que introducir en el cómputo final el porcentaje de sobres vacíos. Dividir entre once.  Ello puede dar lugar, y ha ocurrido en muchas ocasiones, que queden fuera de la Asamblea partidos que hubiesen entrado de no computarse el voto en blanco. Ahí nace la leyenda de que el "voto en blanco favorece a los grandes".

Matemáticamente, ello otorga también un pequeño resquicio a que el partido más votado no sea el que más escaños obtenga. Para llegar a este supuesto, hasta el momento inédito, tendría que darse un empate a escaños y que  el voto por correo entrase en juego. Es decir: los dos partidos más votados empatan, supongamos, a 10 escaños. La formación A gana el recuento con 10.000, pero supongamos que le faltan 300 votos para lograr un escaño más que la B, con los 9.800 ya mencionados. A esta le podrían  faltar 50 votos para ganar el siguiente escaño. Si votasen por correo 500 personas, y la B obtuviese 180 votos mientras que la A logra 20, la primera seguiría siendo la más votada con 10.020 votos, por 9.880 de la segunda, pero esta conseguiría  el escaño que le falta para obtener más representación en los comicios.

En cuanto a la abstención, significa básicamente quedarse en casa, decidir que se tiene cualquier cosa mejor que hacer que elegir a nuestros representados. En ese sentido, el número de votos totales bajaría y, claro, el umbral para obtener representación. No es lo mismo tener que lograr el 5% de 50.000 que tener que hacerlo de, por ejemplo, 30.000. En este segundo caso, con 1.500 votos se estaría en la Asamblea y los 2.500 votos mencionados en el párrafo anterior serían equivalentes casi a lograr dos escaños. De ahí la otra leyenda que también tiene cierta base de realidad: la abstención favorece, de algún modo, a los pequeños.

El voto en nulo -papeletas con alguna tacha, rotas, dibujos, etc- no favorece en teoría a nadie. No se computa; ni suma ni resta. Eso si: al margen de algunas bastante soeces o de seguidores entusiastas (hay papeletas que han sido anuladas porque sus votantes subrayaban al candidato diciendo que era el mejor), hay que reconocer que algunos votos nulos nos regalan, también, buenos golpes de ingenio.

¿Blanco, nulo o abstención? No: no es lo mismo