Ni siquiera en sus momentos de más profunda alergia a la prensa que no les baila el agua, los de Juan Sergio Redondo se atrevieron a jugar a los dardos en redes sociales señalando con flechas a editores o periodistas por acudir a actos públicos. Y eso que ganas no les han faltado. Sí, claro que los hemos oído y leído despotricar contra los medios, y sí, hubo un episodio particularmente pintoresco: aquel en el que un redactor gráfico fue poco menos que crucificado por llevar una camiseta de la selección de Marruecos. Sucedió, y la señora Fatima Hamed fue la primera en poner el grito en el cielo. Incluso lo denunció en sede plenaria, con gesto solemne y todo. Pero ay… qué corta es la memoria cuando una se calza las botas del poder.
Ahora resulta que es la propia señora Hamed quien decide practicar el 'noble' arte del señalamiento, apuntando con el dedo al editor de Ceuta Actualidad por el terrible crimen de…asistir a la clausura del Congreso del PSOE. No como espía infiltrado ni como nuevo fichaje del comité federal, no. Como acompañante de su pareja, que –horror– trabaja como asesora del grupo socialista. Y eso, en el universo MDyC, basta para lanzar la alerta roja.
¿El motivo de este numerito? Según la líder de MDyC, porque se ha confundido "opinión con información". Claro, claro. Y de paso, porque en algún que otro artículo se ha osado decir que su grupo es "socio de Gobierno". Imperdonable. Aunque se le haya pasado por alto que esa expresión no es nueva y que, de hecho, la situación es tan evidente como aburrida: ella misma es vicepresidenta segunda de la Asamblea, un cargo que no cayó del cielo ni de una urna mágica, sino que fue designado por el mismo Gobierno al que, curiosamente, dice oponerse.
Y sí, se opone. Pero se abstiene. O apoya. Según el viento. Que el Gobierno saque adelante sus propuestas gracias a sus votos o silencios no es una hipótesis: es un hecho contable. Pero a la señora Hamed eso no le hace gracia. No le gusta que se lo recuerden, aunque VOX lo repita en bucle en cada pleno, llamándola "muleta", como quien echa sal en la herida.
Ahora ella quiere ejercer de oposición pura, de látigo implacable. Pero sin soltar la cartera de 80.000 euros anuales que conlleva el cargo designado por ese mismo Gobierno al que supuestamente combate. Vamos, que quiere la épica del martillo de la oposición sin bajarse del 'coche oficial'.
Pero, señora Hamed, si una decide jugar a ser la fiscal de la ética ajena, convendría al menos que no se le notase tanto la doble vara. Porque, al final, esto no va de camisetas ni de congresos. Va de coherencia. Y eso, por lo visto, escasea más que el sentido del ridículo.
