La reciente decisión de Marruecos de cerrar temporalmente la aduana comercial con Melilla ha generado preocupación y debate en las ciudades autónomas del norte de África, especialmente en Melilla, donde el presidente Juan José Imbroda ha manifestado su malestar y ha exigido una reacción contundente del Gobierno central. En contraste, en Ceuta la reacción ha sido mucho más pausada y pragmática, siguiendo la línea expresada por la vicepresidenta y consejera de Economía y Hacienda del Gobierno de la ciudad, Kissy Chandiramani.
Información oficial limitada
La consejera ha reconocido que, hasta el momento, el Ejecutivo ceutí no ha recibido ninguna comunicación oficial sobre un posible cierre temporal o modificación en el funcionamiento de la aduana comercial de Ceuta, por lo que la única información disponible proviene de medios de comunicación y de fuentes oficiales nacionales, como el Ministerio de Asuntos Exteriores. Este ministerio ha aclarado que los cierres temporales en aduanas pueden producirse durante periodos de tensión o saturación logística en la frontera, como ocurre actualmente con la Operación Paso del Estrecho (OPE).
“La comunicación que tenemos, o por lo menos en mi caso personalmente, es a través de los medios de comunicación, donde el Ministerio de Asuntos Exteriores ha puesto de manifiesto que habría cierres temporales durante periodos en los que hubiera cierta tensión en la frontera, y con esa explicación nos quedamos”, ha señalado Chandiramani.
Un nuevo modelo económico, pero sin dependencias absolutas
Desde que se produjo el primer tránsito de mercancías por la frontera de Ceuta con Marruecos, el Gobierno local ha defendido la aduana comercial como una herramienta útil y necesaria para fomentar el comercio, pero con un mensaje claro de prudencia: la aduana no debe ser el único ni principal motor económico de la ciudad.
“Nosotros estábamos a favor de esta nueva estructura económica que ofrecía la frontera, pero no debe ser la base del futuro económico de la ciudad”, ha insistido la consejera.
En este sentido, Ceuta apuesta por un modelo más diversificado y sostenible, que combine su posición geoestratégica con el impulso a sectores como el turismo, los servicios y la inversión europea. La experiencia hasta la fecha ha demostrado que, pese a la apertura de la aduana, el volumen de mercancías que atraviesa la frontera es limitado, y que existen momentos de especial complejidad que requieren flexibilidad y adaptación.
“Es verdad que hasta la fecha ha tenido poca incidencia en lo que significa el tránsito de mercancías”, explicó Chandiramani. “Ahora llega un momento complicado, que es la Operación Paso del Estrecho, y según vaya pasando el tiempo veremos cómo va funcionando”.
Un enfoque pragmático frente a la tensión política
Mientras en Melilla el cierre de la aduana ha provocado un fuerte choque político y una dura crítica al Gobierno central, que según el presidente melillense no ha defendido suficientemente los intereses de la ciudad, en Ceuta se ha optado por un discurso más calmado y centrado en la gestión responsable.
“Nosotros tenemos que ir a lo nuestro: a más España, a más Europa, y a seguir cumpliendo con la estrategia económica que ha marcado el Gobierno de la ciudad en consenso con la mesa de diálogo social y los agentes económicos y sociales”, ha afirmado Chandiramani.
Este enfoque refleja la voluntad de Ceuta de mantener una agenda positiva de cooperación institucional y un compromiso firme con el desarrollo económico local sin caer en confrontaciones políticas que puedan enturbiar la relación bilateral con Marruecos, país clave para la estabilidad de la frontera.
La Operación Paso del Estrecho, un desafío añadido
La actual Operación Paso del Estrecho, que moviliza a miles de viajeros entre Europa y África, representa un reto logístico para ambos lados de la frontera. Las autoridades españolas y marroquíes deben coordinarse para garantizar la seguridad y el flujo eficiente de personas y mercancías, lo que a veces implica ajustes temporales en las operaciones comerciales.
Chandiramani entiende que estos cierres temporales forman parte de esa dinámica de gestión en momentos de tensión, pero advierte que el funcionamiento definitivo de la aduana dependerá de múltiples factores y deberá evaluarse con perspectiva en el tiempo.
“Habrá que ir viendo acontecimientos, habrá que ir viendo cómo va funcionando la frontera”, ha añadido.
Balance y perspectivas
La aduana comercial ha supuesto un avance importante en la relación transfronteriza y en la generación de oportunidades económicas, pero también ha evidenciado la fragilidad de estos mecanismos frente a la complejidad política y diplomática que caracteriza la zona.
Para Ceuta, la prioridad es continuar trabajando con prudencia, apoyándose en las fortalezas internas y en los compromisos con España y la Unión Europea, para construir un modelo de crecimiento que no dependa exclusivamente de la apertura o cierre de una frontera.
La vicepresidenta Chandiramani concluye con un mensaje de confianza y responsabilidad: “Nosotros tenemos que centrarnos en consolidar nuestras propias políticas, reforzar el diálogo social y económico, y avanzar hacia un futuro en el que Ceuta siga siendo una ciudad sólida, integrada y preparada para afrontar los retos que vengan”.


