El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, y el Partido Popular han protagonizado un nuevo encontronazo en el Senado a cuenta del funcionamiento de las aduanas comerciales de Ceuta y Melilla. El portavoz del PP en la Comisión de Exteriores, Íñigo Fernández, ha tildado de “irrisorio” el paso de 3,5 toneladas de mercancías desde su apertura en febrero y ha ironizado sobre el mérito del ministro: “Si ese es todo el logro, no sé si merece usted que hoy le pongamos una medalla”.
En su intervención, Albares había defendido como un “hito” la apertura de una aduana comercial en Ceuta, que antes no existía, y la reapertura de la de Melilla. Según explicó, en estos dos meses se han gestionado 3,5 toneladas de productos en ambos sentidos. Una cifra que, a juicio del PP, “cabe en una furgoneta” y demuestra que el tránsito comercial es “irrelevante”.
“¿Eso es cada hora, cada día o desde que se ha abierto?”, preguntó con sorna Fernández. El portavoz popular cifró el volumen real en apenas “siete camiones de pescado importado y nueve de exportación”, y cuestionó el entusiasmo del ministro por tan modesto balance.
Albares, por su parte, replicó con dureza. “3,5 toneladas le parecerá una minucia, pero son más que nunca en la historia, porque antes no había nada”, recordó. También echó en cara al PP que, durante sus años en el Gobierno, ni siquiera se planteara abrir una aduana en Ceuta: “Mucho patriotismo, mucha España, pero no movieron un dedo”.
El debate ha ido más allá de los datos. El portavoz del PP reprochó al ministro que excluya sistemáticamente a su formación —“el principal partido de España”, subrayó— de la toma de decisiones en política exterior. “La política de Estado no consiste en que usted diga lo que hay que hacer y los demás aplaudamos”, advirtió Fernández, que acusó al Gobierno de usar la política internacional con fines partidistas y de fomentar la polarización.
Albares negó tales acusaciones y acusó a los populares de alinearse con la extrema derecha europea. “Han escogido a los enemigos de Europa”, lamentó, denunciando además que el PP difunde “bulos” y promueve el “boicot” a sus iniciativas, como la oficialidad del catalán, el euskera y el gallego en la Unión Europea.
“La identidad nacional española es plurilingüe, les guste o no. Lo dice nuestra Constitución”, sentenció el ministro, visiblemente molesto por las “cartas incendiarias” enviadas por cargos del PP contra esa propuesta.
El choque evidencia las dificultades del Gobierno para tejer consensos en política exterior y pone de manifiesto la distancia entre Moncloa y Génova también en asuntos de Estado, como la relación con Marruecos y la proyección de España en Europa


