jueves. 04.06.2026

En uno de aquellos "modernos transbordadores" -como se publicitaban entonces- que enlazaban Ceuta con la Península, un hombre procedente de la Costa del Sol arribó a Ceuta en 1984. Nada del otro mundo para la época: compró unos quesos de bola, algo de cuero y alguna botella de alcohol más barato que en la península. Vino por la mañana y se fue por la noche a Marbella, ciudad en la que residía desde años anteriores. No volvió a Ceuta hasta catorce años después.

Pero entonces, no vino a comprar quesos de bola. Llegó en la Feria de 1998, dando cuerpo al rumor que meses antes había comenzado a escucharse en los mentideros políticos. "El Gordo cruza el Estrecho". El "gordo" era como se conocía popularmente a uno de los tipos más carismásticos de los años noventa en España. El presidente del Atlético de Madrid y alcalde de Marbella. Jesús Gil y Gil. El soriano, fallecido hace veinte años, no estuvo en aquella cena de feria. Pero si algunas de sus personas más cercanas: Günilla von Bismarck, nieta del histórico canciller alemán, y su entonces marido, Luis Ostiz. Este era todo un personaje: formaba parte de los conocidos como 'choris': gente que con algo de dinero heredado y bastante más morro que oficio se habían convertido en imprescindibles de cualquier fiesta de la época dorada de la jet set marbellí. En la Feria de Ceuta no estaban, sin embargo, los Kasogui, Jaime de Mora y Aragón o Carmina Ordóñez  con los que se codeaban. Un grupo de ceutíes se hacían fotos con ellos y con aquel antiguo turista: Antonio Sampietro Casarramona.

¿Quien era?. Hijo de un histórico socio del F.C. Barcelona -que llegó a ser homenajeado por Joan Gaspart-, practicante de pentatlon moderno en la Barcelona setentera y arquitecto técnico. Tras trabajar en Almería o Granada, llegó a la ciudad marbellí y entró en contacto con aquel Grupo Independiente y Liberal con el que Jesús Gil tomó casi por asalto el Ayuntamiento marbellí en 1991: 21 escaños de 25.  Sampietro, caido en desgracia por abstenerse en una votación sobre una licencia urbanística y colgar una bandera del Barça tras una victoria por 0-3 de los culés en el Vicente Calderón - "si hubiera votado a favor, hubiera ido a la cárcel, como lo hizo el resto", confesaría años después- fue desterrado primero a San Pedro de Alcantara y posteriormente a un exótico destino: Cuba, donde gestionó el Ballet Tropicana hasta su regreso a España. El era el elegido por la familia Gil para el triple mortal con pirueta: la Presidencia de Ceuta.

Fue un 13 de junio. Días antes, Jesús Gil había llegado a Ceuta de un modo marca de la casa. En un barco recreativo, escoltado desde la entrada de la Bahía Norte por pesqueros que hacían sonar las bocinas hasta llegar a Ceuta. Lleno absoluto en la Marina: miles de personas escuchaban las diatribas de Gil y Sampietro. De fondo, la machacona "Final Countdown" de Europe y una peculiar versión del 'Salomé' de Chayanne. El PP trataba de resistir, con Javier Arenas prácticamente empadronado en Ceuta y el PSOE trató de contrarrestar el mitin de Jesús Gil programando a la misma hora uno de ... Rosa Conde.

Llegó el día de autos. "El 13 de junio, día de San Antonio Sampietro", decían los gilistas. "San Antonio amparará a Ceuta de advenedizos", decían los populares en los mismos corrillos. No consta que el Santo votase, ni que hubiera intercesión divina. Si constan los resultados. Aquellla promesa de "limpieza, boato y seguridad" en la que José Ignacio Crespo (verdadero cerebro del asunto) resumía el programa del GIL cuajó. Doce escaños de 25: la mayor victoria hasta la época en una contienda municipal o autonómica. Enfrente, un PP de Jesús Fortes que ganó más votos pero perdió un escaño, un Partido Democrático y Social que triplicó sus votos hasta lograr tres diputados y acabar con el fallecido Mustafa Mizzian a hombros por Hadú y un PSOE en mínimos históricos, con solo dos representantes. El localismo clásico, que tenía doce escaños en la corporación anterior, quedó literalmente barrido. Ni Progreso y Futuro de Ceuta, ni el Partido Socialista del Pueblo de Ceuta ni Ceuta Unida  lograron un solo acta de diputado

Sampietro era, pues, presidente electo. Aquella romería de San Antonio acabó con una convulsión política sin precedentes. El GIL ganaba en Ceuta, arrasaba en La Línea de la Concepción con Juan Carlos Juárez (cuatro años después fue candidato, pero por el PP y volvió a ganar en la ciudad linense) y ganando con apuros en Melilla. Las luces rojas se encendieron en Moncloa, Ferraz y Génova. Se pergueña un pacto de Estado que acaba con el PSOE dinamitado, los números 4 y 5 de los socialistas asumiendo los escaños ante la negativa de los dos primeros a pactar con el PP y alguien herida en su orgullo. Susana Bermúdez Paredes, que quería ser consejera de Cultura y se vio como vicepresidenta de la Asamblea. Dos meses más tarde, otro acto cofrade de profundo arraigo. La procesión de la Virgen de África. Alguien relega a Bermúdez a la fila de atrás y la deja unas horas en compañía del grupo gilista. Horas después, suena el móvil de un Jesús Fortes que tras arreglar aquel pacto tripartito iniciaba sus vacaciones. "Presidente, cuando llegues a Algeciras coge el siguiente barco de vuelta. Susana Bermúdez acaba de firmar una moción de censura con el GIL". Aquel pentatleta retirado que quince años antes había venido por quesos de bola y botellas de 100 Pippers se convertiría un mes después en presidente de Ceuta.  Pero esa, es otra historia...

La historia duró un año y medio, y acabó con el número cinco de la segunda lista más votada como alcalde. El mismo que sigue ahora mismo: Juan Vivas Lara. Sampietro, tras experiencias extrañas como las de asesorar al Partido Barbateño Unido, el Partido Socialista Independiente de Marbella y San Pedro de Alcántara o, atención, el PSOE de Isabel García Marcos -primero azote de GIL, luego encarcelada por Malaya- vive en la ciudad costasoleña. "Tengo una bandera de Ceuta en mi despacho, y mis nietos hoy me preguntan qué hacía en Ceuta", nos dice.

Un presidente del Atlético, un ex pentatleta catalán y una romería: 25 años del...