jueves. 04.06.2026

La ciudad autónoma se suma a la reflexión global sobre la gestión del agua mientras sus pantanos del Renegado y del Infierno se mantienen  en torno al 48% de llenado, lo que podría ser preocupante si Ceuta no contase con la planta desalinizadora, pero sigue siendo un nivel muy bajo.

Embalses de Ceuta: datos que invitan a la reflexión

La Semana Mundial del Agua 2025 llega en un momento en el que Ceuta observa con preocupación el estado de sus principales reservas hídricas. Según los últimos datos, el embalse del Renegado se encuentra al 48,31% de su capacidad, con un volumen almacenado de 0,795 hm³ de un total de 1,645 hm³. Por su parte, el pantano del Infierno refleja una situación muy similar, con un nivel del 48,22%, lo que equivale a 0,289 hm³ de agua.

Ambos embalses permanecen sin caudal de entrada, lo que confirma la fragilidad de los recursos disponibles y la necesidad de adoptar medidas que garanticen un suministro estable en los próximos meses.

EMBALSES
EMBALSES

La desalinizadora de Ceuta: clave para el suministro de agua en la ciudad

La ciudad autónoma refuerza su seguridad hídrica con la ampliación de la Planta Desalinizadora de Agua de Mar, capaz de producir hasta 31.000 m³ diarios.

Antecedentes del abastecimiento de agua en Ceuta

Antes de la construcción de los embalses del Renegado y del Infierno, Ceuta dependía principalmente de los manantiales de Benzú, situados en la bahía homónima, cuyos caudales se almacenaban en el depósito de Hadú. Para complementar el suministro durante el verano, se realizaron captaciones en el arroyo de las Bombas o del Tarajal, impulsando el agua hasta un depósito en Cabrerizas, conectado también con Hadú.

Asimismo, se construyeron depósitos en el puerto, destinados a almacenar agua procedente de la península en casos de emergencia. Sin embargo, estos recursos resultaban insuficientes para la creciente demanda de la población ceutí, lo que hizo necesaria la construcción de infraestructuras más modernas y eficientes.

Nace la planta desalinizadora de Ceuta

Para garantizar un abastecimiento estable durante todo el año y reducir la dependencia de aguas importadas, se construyó la primera estación potabilizadora de agua de mar. Esta medida se complementó con la creación de presas reguladoras, destinadas a centralizar los recursos existentes.

Con el tiempo, y ante el envejecimiento de la planta original, el Ministerio de Obras Públicas y Medio Ambiente autorizó en 1996 la construcción de la nueva Planta Desaladora de Ceuta, ubicada en los terrenos ganados al mar en la zona de Playa Benítez. La instalación fue diseñada para operar 24 horas al día, con una capacidad inicial de 16.000 m³/día, distribuida en tres líneas de 5.350 m³/día cada una, ampliables a 21.400 m³/día mediante una cuarta línea.

Captación y bombeo de agua de mar

El agua de mar se toma a través de un emisario submarino de 900 mm de diámetro y 45 metros de longitud, asegurando una profundidad de 8 a 10 metros. Desde la cámara de captación, el agua se bombea mediante un edificio equipado con cinco moto-bombas, de las cuales cuatro se utilizan para el suministro y una para el lavado de filtros. Cada bomba cuenta con variadores de frecuencia para ajustar el caudal y la presión según las necesidades del proceso.

Pretratamiento y osmosis inversa

El pretratamiento del agua de mar es esencial para garantizar la eficiencia de la ósmosis inversa. Este proceso consta de ocho etapas: desinfección, coagulación, filtración sobre arena, control de pH, adición de dispersante, filtración mediante cartuchos y reducción del cloro residual.

La producción final se obtiene mediante tres líneas de osmosis inversa, cada una proyectada para 5.350 m³/día. La planta cuenta con sistemas de bombeo de alta presión, bastidores de membranas y sistemas de limpieza química, asegurando agua de calidad con un contenido en sales disueltas inferior a 500 ppm, apta para el consumo humano.

Sistema de almacenamiento y distribución

El agua producida se dirige a un colector general y luego a un depósito de almacenamiento de 500 m³, que permite la transferencia a los depósitos de distribución de agua potable y sirve como reserva para desplazamientos. Posteriormente, el agua se bombea al depósito de la ETAP-Renegado, desde donde se integra con el agua de los manantiales de Benzú y se distribuye a la red urbana, incluyendo los depósitos del Serrallo y Loma Larga.

Ampliaciones de la planta desalinizadora

En 2002 se completó la primera ampliación, incorporando un cuarto módulo para alcanzar los 21.400 m³/día. Posteriormente, en 2008, el Ministerio de Medio Ambiente aprobó la segunda ampliación, destinada a aumentar la capacidad en 10.000 m³/día mediante dos nuevas líneas de 5.000 m³/día, alcanzando un total de 31.000 m³ diarios.

Esta expansión incluye la construcción de una nueva captación, un bombeo adicional, instalaciones de pretratamiento y postratamiento, nuevas unidades de ósmosis inversa, sistemas de limpieza y equipamiento para el vertido de rechazo al mar. Actualmente, las obras se encuentran en ejecución en los terrenos de la planta existente.

La desalinizadora : un pilar del suministro de Ceuta

Gracias a estas infraestructuras, Ceuta ha logrado asegurar su suministro de agua potable, reduciendo la dependencia de los manantiales y del transporte desde la península. La planta no solo proporciona agua de calidad durante todo el año, sino que también refuerza la resiliencia frente a sequías y garantiza la sostenibilidad del abastecimiento para la población y el desarrollo económico de la ciudad autónoma.

La modernización y ampliación de la Planta Desaladora de Ceuta constituye un ejemplo de cómo la tecnología y la planificación estratégica permiten a ciudades con recursos hídricos limitados garantizar un suministro seguro y sostenible, alineándose con los objetivos globales de gestión responsable del agua.

INSTALACIONES HÍDRICAS
INSTALACIONES HÍDRICAS

Semana Mundial del Agua 2025: “Agua para la acción climática”

Entre el 24 y el 28 de agosto, expertos de todo el mundo se dan cita en Estocolmo y en formato online para participar en la Semana Mundial del Agua, cuyo lema este año es “Agua para la acción climática”. Este foro se ha consolidado como un encuentro estratégico para analizar los principales desafíos hídricos del planeta, desde la escasez hasta su papel en la producción de alimentos, la energía, la salud y la educación.

El evento pretende no solo visibilizar los problemas, sino también compartir soluciones innovadoras para un mundo cada vez más afectado por el cambio climático.

El agua, un recurso indispensable y escaso

El agua es la base de la vida. Sin ella no sería posible beber, cocinar, limpiar alimentos, mantener la higiene o garantizar la atención sanitaria en hospitales. Sin embargo, en muchas regiones del mundo la falta de agua potable y saneamiento seguro genera consecuencias dramáticas: infecciones, enfermedades y una elevada mortalidad, especialmente infantil.

La escasez hídrica afecta ya a 4 de cada 10 personas en el planeta. Según datos de UNICEF y la OMS, 2.100 millones de personas carecen de acceso a servicios de agua potable gestionados de forma segura, y 4.500 millones no disponen de saneamiento adecuado. Además, cada año mueren 340.000 niños menores de cinco años a causa de enfermedades diarreicas vinculadas al consumo de agua contaminada.

Agua y derechos humanos: el marco internacional

En 2010, la Asamblea General de la ONU reconoció el derecho humano al agua y al saneamiento, estableciendo que cada persona debe disponer de entre 50 y 100 litros diarios de agua segura, accesible y asequible. El coste no debería superar el 3% de los ingresos del hogar, y la fuente de abastecimiento tendría que encontrarse a menos de un kilómetro de distancia.

Desde entonces, diferentes acuerdos internacionales han reforzado el compromiso global frente a la crisis hídrica: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, el Acuerdo de París o el Marco de Sendái para la Reducción del Riesgo de Desastres, entre otros.

Antecedentes de la Semana Mundial del Agua

Este evento, organizado anualmente en Estocolmo, ha abordado en ediciones recientes temas tan cruciales como el valor invisible del agua (2022), las soluciones innovadoras para un mundo sabio en el uso del agua (2023) o el papel del agua en la construcción de un futuro pacífico y sostenible (2024).

La edición de 2025 refuerza esta trayectoria con un enfoque directo en la acción climática, recordando que el agua es uno de los elementos más sensibles y afectados por el calentamiento global.

Un futuro que exige acción inmediata

La Semana Mundial del Agua no solo es un espacio de reflexión, sino también de compromiso. El caso de Ceuta ejemplifica cómo los retos globales se reflejan en realidades locales, con embalses por debajo de la mitad de su capacidad en pleno verano.

La crisis hídrica y climática requiere de colaboración internacional, innovación tecnológica y, sobre todo, una ciudadanía consciente del valor de cada gota de agua. La edición de 2025 recuerda que el tiempo de actuar es ahora: por el agua, por el clima y por la vida.

Ceuta afronta la Semana Mundial del Agua con sus embalses al 48% de capacidad