jueves. 25.07.2024

Mala leche

Director: Luis García Berlanga. Año: 1961. Duración: 85 min. País: España. Guión: Rafael Azcona, Luis García Berlanga, José Luis Colina, José Luis Font. Música: Miguel Asins Arbó. Fotografía: Francisco Sempere (B&W). Intérpretes: Cassen, José Luis López Vázquez, Manuel Alexandre, Elvira Quintillá, Mari Carmen Yepes, Amelia de la Torre, José Orjas, Agustín González, Julia Caba Alba, Julia Delgado Caro, Luis Ciges, José María Caffarel, Xan das Bolas. 

No se trata de una de las películas de navidad por antonomasia, por su poso amargo y dosis de mala leche que destilaba el binomio genial e irrepetible Berlanga-Azcona, pero la ambientación está situada en la noche de Nochebuena, y no parece mal momento, uno como otro cualquiera, para recordar y recomendar esta obra maestra del cine.riaometer rescindible, sino obligada del cine   no, un empleado (tambi

Plácido, primera colaboración de Rafael Azcona con Luis García Berlanga, fue nominada al Oscar a Película en lengua extranjera, y a la Palma de Oro de Cannes, y supone una de las más brillantes joyas del cine de nuestro país que cruzó fronteras.

Esta sátira de 1961 centra sus esfuerzos en trasladarnos a una pequeña ciudad española de la época, en la que un grupo de señoras adineradas y muy aburridas se les ocurre la “genialidad” de organizar una condescendiente campaña navideña llamada “Siente a un pobre en su mesa”, basada por cierto en una campaña real que instauró Franco. Ya se sabe bien que en el cine de este realizador, la realidad supera como en la vida misma, casi siempre a la ficción… El personaje que da título a la película es, dentro de que se trata de un reparto puramente coral (entre los que tenemos a Cassen, José Luis López Vázquez, Manuel Alexandre, Elvira Quintillá, Mari Carmen Yepes, Amelia de la Torre, José Orjas, o Agustín González), es a quien sigue la cámara en su desesperación por solucionar el problema de vencimiento ese mismo día de una letra de su vehículo, su único medio de vida y precisamente una de las piezas importantes en la cabalgata (no hay nada que gustase más a Berlanga que una vergonzante cabalgata) organizada para el evento. Lío servido y excusa para una historia más cotidiana de lo que parece, cuyo trasfondo es descoser sin paliativos ni distinciones, las costuras de más de uno (y una), desenmascarando las hipocresías de una sociedad que en todos sus escalafones tiene sus oscuridades.

Esta oda al descerebre lo es, en realidad, a la incomunicación humana, a la facilidad que tenemos para hablar todos a la vez de lo nuestro sin tener mínimamente en cuenta lo que dicen los demás, en un frenético despiporre de diálogos infinitos y un reparto muy numeroso, gran trabajo de realización con extensos planos secuencia en los que entra muchísima gente sin equivocarse en la coreografía. Mucho mérito de cámara, diálogos, montaje y dirección de actores, contando con un reparto excepcionalmente natural para lo profesional del cine en la época, teniendo en cuenta los medios con los que en España se contaban para el asunto.

El maestro Berlanga plasma en esta, una de sus obras cumbre, un retrato histórico y de sociedad, con una crueldad de colmillo retorcido, y bajo el barniz de un humor fino e inteligente que, como era tónica general en sus trabajos, sorteaba las trabas de la censura con increíble habilidad, factor que también suma, y mucho, en la inmortalidad de la cinta tanto como pieza artística como como de elemento documental de la historia de una España deprimida, gris, necesitada de alegrías y, a pesar de todo, superviviente.

Estamos pues, ante no sólo una impecable comedia costumbrista, en el buen sentido, sino también ante un devastador ejercicio de introspección que debería recetar el médico. Corrosiva, ácida, divertida y mordaz. Irrepetible y deliciosa, no pierdan la oportunidad de verla una vez en la vida al menos…

JUAN CARRASCO DE LAS HERAS [email protected]

Mala leche