domingo. 23.06.2024

El día más triste de la historia de Cádiz, recordado por una ceutí

Este viernes se cumplen setenta años del día más triste de la historia de Cádiz: la explosión del polvorín militar de San Severiano que dejó centenares de muertos, una cifra aún por concretar. Para recordar esa deflagración, que pudo verse incluso desde el Monte Hacho, hemos requerido el testimonio de una ceutí que entonces realizaba sus prácticas de Enfermería y que, con el paso de los años, ha ayudado a nacer a centenares de personas en nuestra ciudad: Paquita Ramírez

 

 

 

 

Aquella España de leche en polvo y cartillas de racionamiento tenía pocos motivos para sonreir. Tal vez la eterna leyenda del torero y la folclórica, Manolete y Lupe Sino, era la única concesión al entretenimiento que se daba un país devastado aún por la Guerra Civil. Con permiso del fútbol, que había llegado para quedarse en nuestras vidas: ese año Real Madrid y Os Belenenses, campeón portugués, inauguraban el Santiago Bernabéu y el Sevilla Club de Fútbol ganaba su único título de Liga. Y la música, en aquellas radios de galena en las que Celia Gámez, Miguel de Molina -el cantaor maldito- y el negro más sevillano, Antonio Machín, hacían menos amarga la existencia. Machín y Manolete; de ambos hablaremos. El primero, tenía previsto actuar el 18 de agosto de ese año en el Cortijo de Los Rosales, en la capital gaditana. Pero algo cambió, desgraciadamente, y para siempre en aquella jornada.

 

En el cuartel del Monte Hacho, a 146 kilometros de distancia, los soldados que realizaban el Servicio Militar se sorprendieron cuando a las diez menos cuarto de la noche el cielo se tiñó de naranja. No solo se sobrecogieron en Ceuta: en Sevilla, un fuerte estruendo se escuchaba a esa hora y en Portugal temieron que el terremoto de Lisboa pudiera estar repitiéndose 192 años después. Nada de eso: en Cádiz, una remesa de 1.600 cargas tanto de la Guerra Civil como de la II Guerra Mundial llegadas cinco años antes de Cartagena y almacenadas en el barrio de San Severiano, dejaron un reguero de víctimas aún por aclarar: 150 según la versión oficial, casi 300 según otras estimaciones.

 

Entonces casi una niña, la ceutí Francisca Ramírez -junto a Antonia Alguacil “Nona” nuestra más querida comadrona-, realizaba sus primeros pinitos en el mundo de la Enfermería. Este es el primer recuerdo de la explosión de San Severiano.

 

 

Eso en cuanto a la explosión. Pero ¿como fue aquella noche?. ¿Que le tocó hacer?

 

 

Paquita Ramírez, alguien que ha ayudado tantas veces a nacer, se tuvo que ver con la muerte en las primeras horas de su trayectoria profesional, jalonada con la Medalla de Oro en el Mérito al Trabajo que le fue entregada por la ex ministra Leire Pajín. ¿Como se convive con eso, cuantas veces ha recordado aquello?

 

 

Las Murallas de Puerta Tierra frenaron la explosión, pero extramuros todo quedó devastado. La ciudad más antigua de occidente languidecía entre cadáveres y escombros. Para la memoria, uno de esos héroes casi olvidados, el capitán de fragata y futuro ministro con Adolfo Suárez Pascual Pery Junquera, que junto a su destacamento evitó una segunda explosión. Para los amantes de la conspiración, un misterioso desembarco de una lancha horas antes de la brutal deflagración. Franco decidió compensar la tragedia con los Astilleros y con las Fiestas Típicas gaditanas: como el prohibido carnaval, pero en abril y con la cara descubierta. Diez días después, la España trágica ganaba un nuevo mito con el fallecimiento, corneado por Islero, de Manolete en la Plaza de Toros de Linares (Jaen) mientras Lupe Sino era repudiada por los familiares del diestro que la acusaban de haber llevado al Califa del Toreo por el camino del alcohol y las drogas. En el caso de Manolete, como en de la explosión, un nexo común: partidas de plasma llegadas desde Noruega que se habían conservado en mal estado. Tanto que se llevo por delante al diestro cordobés y a decenas de socorridos en Cádiz. La noche en que no hubo música en el Cortijo de Los Rosales. La noche que nunca olvidará nuestra Paquita Ramírez.

 

El día más triste de la historia de Cádiz, recordado por una ceutí