miércoles. 17.04.2024

Un gol de Zinedine Zidane había dado la victoria al Real Madrid frente al Bayern de Munich de Oliver Kahn y Stefan Effemberg el día antes, y permitía al equipo que entonces entrenaba el portugués Carlos Queiroz avanzar a cuartos de final de la Champions. Entretanto, los partidos apuraban las últimas horas de campaña electoral de cara a las Elecciones Generales de tres días más tarde. Entre entrevistas a candidatos y la comidilla futbolística se levantó España una mañana de marzo, cuando los titulares empezaron a cambiar: se habían oido fuertes explosiones en el metro de Madrid, en Atocha.

 

Minutos después, comenzaba a confirmarse la sensación que todos los españoles teníamos cuando oíamos hablar de "una fuerte explosión". Una vez más, todo parecía apuntar a un atentado. Pero había algo distinto: el patético récord de 21 muertos del atentado de Hipercor fue superado en apenas el primer recuento de víctimas. Veinte, treinta, cincuenta.... la espiral de la muerte había superado en Atocha, y con creces, al macabro listón de 17 años antes en la Meridiana barcelonesa.

 

A última hora de la tarde, el cuenteo era insoportable. Casi 200 muertos, el mayor atentado de la historia de Europa. Los ciudadanos comenzaron a llenar los hospitales y centros de salud para donar sangre. Por cierto, con la altiva plantilla del club muniqués entre los primeros donantes.

 

En Ceuta, aquel atentado no dejó nada indiferente. Los actos de campaña electoral -que horas antes habían hecho coincidir en la Ciudad Autónoma al presidente del PP vasco, Carlos Iturgáiz y al entonces presidente manchego, José Bono-  se suspendieron y se declararon varios días de luto oficial. Al día siguiente, se celebraba la mayor manifestación de la historia de la Ciudad Autónoma: el 50% de la ciudadanía envió su fraternal abrazo a un Pueblo de Madrid que ese mismo año recibiría en manos de su entonces alcalde, Alberto Ruiz-Gallardón, el Premio Convivencia. Ceuta sigue recordando, quince años después, la jornada más triste de la historia de España. Aquella mañana desde la que Madrid y España nunca volvieron a ser las mismas.

Recuerdo de un espanto