miércoles. 22.05.2024

 

Apenas vivió 35 años hace casi 1.000, pero independientemente de la religiosidad de cada cual, pocos podrán negar que Antonio "Lusitanus" o San Antonio de Padua dejó huella. Casi un milenio después de su vida terrenal, en una de las ciudades a las que acudió en peregrinaje se levanta un monumento que le sitúa, simbólicamente, "entre Ceuta y el cielo", tal y como destacan en sus discursos varios de los asistentes.

 

Es un anexo a la ermita, que antes fue un -conflictivo- Centro de Menores, que antes fue la residencia del coronel de Artillería, que antes fue... "El suelo que pisaron Enrique el Navegante, Luis de Camoens o Beatriz de Silva", apunta el presidente de la Ciudad, Juan Vivas, en su discurso. La estatua es obra de Alejandro, el menor de los Pedrajas: unos hermanos con talento para la escultura que pasarán a la historia por haber modelado a los "Antonios" más venerados de Ceuta: el santo padovano y el ex alcalde Sánchez Prado. Todo, como parte más simbólica de una obra elaborada por el arquitecto Francisco Pérez Buades y ejecutada por TRAGSA durante los últimos meses con un presupuesto de 600.000 euros.

 

Comienza el acto de Hermanamiento entre la Cofradía de San Antonio de Ceuta y la de Lisboa con una misa. Oficiada en el idioma del santo: Armindo de Jesús Ferreira, ministro de Lisboa de esa Orden, y Francisco Sales, rector de la Iglesia de San Antonio de Lisboa llevan a cabo el oficio religioso. Dentro de la "ermita encalada" -la define así el hermano mayor de la cofradía ceutí, Carlos Orozco-, donde literalmente no se cabe.

 

Armindo De Jesús advierte que "cada vez que los políticos han tratado de vencer a la religión, la religión ha seguido y los políticos han caído" para elogiar la obra. Vivas destaca "otro vínculo más, si fuera necesario, entre Ceuta y Lisboa". Orozco, por su parte, resalta que "los proyectos se plantean y se ejecutan como este", un "valor añadido" a la zona, de inmensa riqueza paisajística. Al fondo, anochece sobre Ceuta y las luces rojas y verdes de los Muelles de Alfau y Poniente ayudan a los barcos a salir de una Ceuta iluminada. Muy distinta a la que vio en su día un monje lisboeta al que se le atribuían poderes milagrosos con los animales y al que se le recuerda, mil años después de su paso por este mundo, en una ciudad que cada 13 de junio descansa y peregrina en su honor.

 

 

San Antonio de Padua: entre Ceuta y el cielo