miércoles. 08.02.2023
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Abdelmalik: “El barrio entero sospechaba de cualquier vecino, llegamos a caer en la paranoia"

El padre de Mohamed confiesa que su hijo se resistió, pero al menos siente que “se está haciendo justicia”, y pide prisión permanente para su asesino.

 Abdelmalik Abdeselam, padre de Mohamed/ Foto: Pablo Matés.
Abdelmalik Abdeselam, padre de Mohamed/ Foto: Pablo Matés.

Uno de los bajos de los primeros bloques de viviendas de Loma Colmenar se ha convertido  durante el último mes en un hervidero de vecinos del barrio y de los anexos, de prensa y de agentes de los cuerpos de seguridad. Ese ir y venir se observa al dar el primer paso de la calle y adentrarse en la casa de Abdelmalik y Nadia. “Perdonad como está todo, pero ayer tuvimos a gente hasta las doce de la noche…”, se disculpa el padre del fallecido Mohamed, mientras adecúa la estancia en la que concederá la que, quizá puede ser, una de sus últimas entrevistas. Está agotado. Su cara lo denota. Su expresión corporal. No puede más. Su esposa ni si quiera puede salir a recibirnos. Recostada en un sofá con estado febril y arropada por algunas vecinas, balbucea un saludo con los pocos sonidos que llega a emitir desde sus adentros. Ha sido el peor mes de sus vidas. Un fatídico mes inimaginable al que hace unos días, en cierta medida, le pusieron un punto. No es el final, como señala Abdelmalik, “ahora es cuando empieza todo”. Comienza a haber justicia. Un hecho del que nunca dudaron.

El asesino de su hijo ya tiene nombre y cara y, por suerte, no es del entorno cercano, como en un primer momento se barajó. No solo descansa la familia, en un nivel más bajo también lo hace el barrio donde la tensión se había acrecentado desde el pasado diciembre. Las sospechas cercaban a cualquier vecino hasta el punto de que se había generado una desconfianza nunca antes conocida. “Este último mes ha sido horroroso. Estábamos todos los vecinos mirándonos unos a los otros porque éramos sospechosos. Hemos caído en la paranoia porque pensábamos que podía ser uno de nosotros. Todo el mundo se preguntaba entre ellos dónde estábamos, qué hacíamos, a qué hora salimos el día del crimen. Así que cuando salió la noticia nos quedamos tranquilos y  contentos porque es de fuera de aquí. Ahora descansamos”, explica el progenitor.

Un descanso casi ínfimo para la familia. La tensión del último mes atraviesa ahora una caída en picado de adrenalina que hace abrir los ojos, enfrentarse definitivamente a la cruda realidad. La tensión y angustia experimentada desde el pasado 19 de diciembre cuando se inició la investigación finalizó este miércoles. Cerraron el capítulo de la incertidumbre para abrir a corazón abierto el del dolor. “Ahora hay más tormento, sé es más consciente”. Una inyección en frío que se agravó al ponerle cara el presunto asesino. Lo conocían. Habían tenido trato con él. Les estuvo sirviendo el butano durante varios meses. Pero, hay más. Se hizo un hueco entre los niños del barrio a los que les llevaba golosinas mientras se ganaba su confianza. Él (Abdelmalik) lo sabía, al igual que el resto de padres. Imposible desconfiar de él. “Entre todas las sospechas que recaían entre nosotros, jamás se nos vino su imagen. Nadie pensó que fuese él”.

Sin embargo, Abdelmalik sí advirtió a Mohamed sobre el trato con desconocidos. “Le dije que nunca se fuese con personas que no conociese, pero cogió confianza con él. El pobre ha luchado por eso, ha recibido esos golpes y ha muerto. Se resistió, porque me lo han dicho. Era un niño fuerte. Ha luchado por su vida, por eso ahora está en el cementerio. Mi niño está con dios y ese va a pagar lo que tenga que pagar, la ley no perdona”, razona emocionado.

El padre de Mohamed pide calma y confianza en la justicia, sobre la que tiene plena confianza. “Yo no le voy a hacer nada. El juez le va a condenar. Dios está arriba y aquí abajo le castigará la Ley. Se está haciendo justicia”, concluye medio aliviado Abdelmalik que, roto entre sollozos, tiene un último mensaje para su hijo. “Espérame que yo también voy a morir. Que me espere porque yo también voy  estar con él. Mi hijo es un pajarito del cielo ahora. Me estará esperando en el cielo para meterme en la gloria, a mí y a mi mujer”.

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